La paradoja que exhibe el campo entrerriano
Una explosión de producción coexiste con una tendencia al despoblamiento rural. Se trata de una extraña situación en la cual el productivismo parece atentar contra la estructura social del campo provincial.El presidente de la Bolsa de Cereales de Entre Ríos, Oscar Montero, en declaraciones a la revista "X-Mas", planteó el problema en estos términos: "En aras de la eficiencia no podemos perder el factor humano de la producción".De las palabras del directivo se deduce que una cosa son los record de cosechas, vinculados a los altos precios internacionales, y otra es el tejido social del mundo rural, en cuyo seno vive aquel pequeño y mediano productor arraigado.El dato inquietante, según Montero, es que "en los últimos 15 años la producción de Entre Ríos creció un 300%, pero al mismo tiempo el número de productores disminuyó un 37%".Y afirmó: "Eso significa pérdida de actores económicos, de pequeñas empresas dispersas en la provincia, de prestadores de servicios, en definitiva mayor concentración con expulsión de pequeños y medianos eslabones de la cadena".Hay paradoja cuando algo resulta extraño a primero vista. Aunque a decir verdad, la economía nos tiene acostumbrados a estas contradicciones. Por ejemplo: que aumente el PBI de un país no significa, necesariamente, más bienestar para su población.Por lo demás, en el plano de la teoría, que dos fenómenos ocurran juntos, se presenten apareados, puede implicar dos cosas: simple correlación o causalidad.Por tanto, una cosa es decir que "más producción" se correlaciona con menor factor humano, y muy otra afirmar que "la mayor producción disminuye la cantidad de productores".El problema a dilucidar, en todo caso, es si entre los dos factores en juego hay correspondencia o relación recíproca, o si uno de ellos actúa como causa de otro (devenido en efecto).La explicación que da Montero es que "el campo está conformado por distintos sectores con intereses económicos muchas veces contrapuestos". Es decir, al margen de la rentabilidad del sector en su conjunto, por un lado está el productor tradicional, afincando al terruño, y por otro, el inversionista foráneo.Se trata de dos sectores que pujan hoy en forma desigual por la plusvalía agraria. Según el director de la Bolsa de Cereales, la prosperidad de estos años fue posible porque en las décadas del '80 y '90, cuando la rentabilidad era baja, el productor tradicional acondicionó el sistema productivo."Y llegamos a la devaluación. Los precios internacionales comenzaron a ser buenos, se incrementó la rentabilidad y se dio una explosión de producción. En ese momento, a los productores tradicionales, se sumaron grupos de inversión que venían a los cereales como un buen negocio".Montero añade: "Están quienes (al campo) lo ven como un buen negocio y desaparecerán cuando deje de serlo. Y está la gente que además de los intereses económicos, tiene sus intereses humanos. Con su historia de producción, compromiso, e inversión permanente en su forma de vida".La explicación de la paradoja, es decir el hecho de que convivan aumento de cosecha con pérdida de productores, según el directivo, es efecto de la concentración de la renta agraria por parte de esos grupos de inversionistas, en desmedro del pequeño y mediano productor."Está habiendo una concentración que no es lo que tiene que ser, por lo menos a mi gusto", afirmó Montero, para quien falta una política que retenga a la familia rural y aliente su radicación en los lugares de producción.
ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
ACCEDÉ A ESTE Y A TODOS LOS CONTENIDOS EXCLUSIVOSSuscribite y empezá a disfrutar de todos los beneficios
Este contenido no está abierto a comentarios

