La particularidad del caso brasileño
Brasil se ha convertido en un laboratorio de análisis para los politólogos. ¿Cómo entender el proceso de destitución o impeachment contra la presidenta Dilma Rousseff?Para la presidenta depuesta la maniobra por la cual es apartada del poder político en Brasil es un golpe de la derecha contra un gobierno izquierdista. "Las élites están sustituyendo golpes militares por golpes parlamentarios", ha dicho.Según esta lectura, los gobiernos de corte progresista llegan al poder por la vía electoral, pero sus políticas son tan incómodas para los poderosos que éstos logran desbancarlos, no mediante tanques y tropas como en el pasado, sino a través de artificios políticos aparentemente democráticos.Los opositores al régimen, sin embargo, tienen otra lectura. Aclaran que un golpe es una interrupción inconstitucional del mandato y éste no es el caso. El juicio político, afirman, es un procedimiento contemplado por la Constitución brasileña.Es la salida de emergencia prevista por este tipo de democracias presidencialistas cuando el titular del Ejecutivo es impopular y considerado ineficaz y hay que deshacerse anticipadamente de él.Pero los legisladores que decidieron abrir el impeachment contra Rousseff alegan además que la Corte Suprema del país, 8 de cuyos 11 miembros fueron designados por los gobiernos del Partido de los Trabajadores (PT), avaló el procedimiento por unanimidad.En verdad, resulta difícil y en un punto temerario sacar conclusiones simples del proceso político brasileño, sobre todo cuando se lo mira desde afuera. La política de Brasil tiene particularidades asociadas a la historia, a la geografía y a la sociología del país.Un estudio comparativo de la cultura política de Brasil con la del resto de los países latinoamericanos, acaso refleje algunos denominadores comunes, pero también muchos contrastes.La existencia de diferentes "estilos nacionales" sugiere ser precavidos a la hora de analizar la política brasileña. América Latina no es una sola región ni posee una cultura única.A la vez que constituye un caleidoscopio cultural, identitario y de imaginarios sociales, cada país tiene lógicas políticas diversas. Manuel Castells dice que "hay muchas América Latina".Por ejemplo, Brasil presenta un desarrollo regional marcado. La oposición entre nordeste y sureste, evidencia una asimetría notable, que impacta en la representación política.Además, la acumulación de capital es distinta según la región. El estado de São Paulo, con 2,9% del territorio, tiene el 19% de la población, participa con el 39% del PIB y con el 58% de la producción industrial.Esta disparidad regional también se aprecia en el ingreso per cápita, la esperanza de vida y el alfabetismo, entre la ciudad de São Paulo, la media nacional y las regiones más pobres.Ahora bien, la ciudad de São Paulo, a la vez que concentra a la burguesía industrial del país, ha sido el principal centro del movimiento obrero brasileño desde sus orígenes a comienzos del siglo XX.Fueron los obreros metalúrgicos paulistas quienes encumbraron, a fines de los '70, a Luiz Inácio Lula da Silva, quien se convertiría con el tiempo en el alma mater del Partido de los Trabajadores (PT).Lula da Silva alcanzó la presidencia del país en 2003, instaurando en Brasil un modelo catalogado de "populista". La continuadora del régimen fue Dilma Rousseff, quien acaba de ser apartada del cargo al abrírsele un juicio político.Para muchos analistas internacionales, Brasil atraviesa hoy una fenomenal crisis política y económica, con impacto indudable en toda la región.
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