La pasión humana por las historias
La obsesión de los latinoamericanos por la serie televisiva "Las mil y una noches", un producto de origen turco que ha capturado las mayores audiencias, en realidad no es un fenómeno nuevo ni extraño.Se sabe desde hace tiempo que las "telenovelas" son una debilidad de los públicos latinos. En este sentido la historia de Onur, un multimillonario que ofrece dinero para pasar una noche con Sherezade quien tiene un hijo enfermo y accede con la intención de pagar el tratamiento que le devolverá la salud, es una de tantas ficciones que en estas tierras conquistaron altos ratings.No es la primera vez, por ejemplo, que los consumidores de estos relatos hacen bautizar a sus hijos con el nombre de algún personaje extraído de la historia, como ocurre con Onur y Sherezade (hoy de moda).Los expertos recuerdan los casos memorables como el boom de las Valentinas y los Giovannis en 1969 por la telenovela argentina "Muchacha italiana viene a casarse".En México cuentan que en 1979, a partir del entusiasmo que desató la serie "Los ricos también lloran", el país se llenó de Marianas. Aunque las narraciones televisivas extranjeras, en su mayoría estadounidenses, concitaron idéntico furor.Así la proliferación de nombres que nada tienen que ver con la región, como el caso de Brayan (derivado del anglosajón Brian) o Dylan, por la popularidad que alcanzaron las series como "Beverly Hills 90210" en los años '90.Los estudiosos del fenómeno llaman la atención acerca de que estos productos televisivos concitan un entusiasmo que supera incluso otras ofertas populares, como algún deporte, música o incluso partido político.Lo llamativo es que atrapan la atención de todas las clases sociales y no sólo abarcan a un país sino a todo un continente. "Las mil y una noches", en efecto, se ha convertido en un fenómeno televisivo en países como Argentina, Chile, Colombia, Bolivia, Brasil, Ecuador, Panamá, Paraguay, Perú y Uruguay.¿Cómo es posible que una serie turca (es decir de otra cultura), que se trasmitió originalmente entre 2006 y 2007, alcance tanta popularidad? ¿A qué debe su éxito entre las clases medias y bajas latinoamericanas?Las respuestas que suelen dar los expertos aluden a que la telenovela es una compleja matriz cultural que revela el imaginario latinoamericano, sobre el cual se retroalimenta y se reproduce.Es decir, se estaría en presencia de un constructo audiovisual que responde a las necesidades de los espectadores que comparten un horizonte cultural particular (en este caso América Latina).Gracias a esta identificación de un imaginario compartido, el receptor de telenovelas ingresa en un circuito comunicativo colectivo, exponiéndose así al efecto persuasivo de estos productos.La telenovela sería un texto representacional de la cotidianidad latinoamericana, con un agregado: por tratarse de una ficción melodramática, su penetración es todavía mayor.El melodrama, en la versión coloquial que da el diccionario de la Real Academia Española, es una "narración o suceso en que abundan las emociones lacrimosas".Para el antropólogo Mircea Eliade, la novela ha ocupado especialmente en la modernidad el lugar que tenía la recitación de los mitos y de los cuentos en las sociedades tradicionales y arcaicas.Se trataría de la necesidad muy humana de introducirse en universos "extranjeros" y de seguir las peripecias de una "historia". Es la fascinación del relato que, según Eliade, conecta con el deseo humano de trascender el propio tiempo histórico.
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