La pérdida de la noción de lo cercano
Hoy, en virtud de las inauditas facilidades de comunicación y de intercambio, se está prefigurando un hombre que ha cortado sus vínculos primarios con la realidad en beneficio de lo virtual. Es una especie de mutación profunda en la cual lo próximo y lo familiar se alejan en la media en que lo lejano y extraño se acercan. Las tecnologías de la comunicación han generado este extrañamiento. Hace tiempo los sociólogos han llamado la atención sobre el uso inmoderado de la televisión (por definición, la visión de lo que está lejos), que nos hace olvidar la conversación y hasta la presencia de los seres que nos rodean. Los últimos adelantos tecnológicos en este campo agregan más señales inquietantes sobre el alejamiento humano de su entorno inmediato. La llamada posmodernidad, la fase reciente de la cultura, encuentra aquí uno de sus principales rasgos. El hombre está cada vez más apegado a Internet y a los últimos chiches digitales, lo cual le resta tiempo para salir a la calle y compartir la vida con sus semejantes. Parece cumplirse, así, aquella profecía del profesor canadiense Marshall McLuhan, quien en los '60 expuso la tesis según la cual los medios de comunicación son extensiones de nuestro cuerpo. Pero estas "prótesis" ya son parte de la nueva raza de hombres adictos a la hiperconectividad. De suerte que una generación parece haber perdido la noción clara entre lo cercano vital y lo alejado des-realizado. Ha sido el filósofo francés Jean Baudrillard quien ha estudiado como nadie los efectos antropológicos de este cambio. El hombre y los medios audiovisuales, dice, conforman un circuito cerrado. Él describe al hombre actual como un "sujeto fractal". Es decir, fracturado, fragmentado, habitante de un mundo hiperconectado e hiperinformado que depende de la pantalla (de la TV o la computadora) para saber qué ocurre a su alrededor. Ese sujeto fractal es tanto el adolescente que hace múltiples cosas mientras escucha en el MP3 su grupo de música favorito, como el profesional que pasa horas delante de la computadora sin asomarse afuera. En este conjunto hay que incluir a la telefonía móvil. Los celulares, a su manera, han acentuado la mediatización tecnológica de las relaciones reales, cara a cara, entre las personas. Según Baudrillard los contactos que se establecen, gracias a estas prótesis, son "virtuales". La imagen virtual de Internet -dice el filósofo- no es verdadera ni falsa, ya que está en una dimensión distinta: no es humana. ¿Estamos, acaso, ante una nueva forma de "alienación"? Fue Carlos Marx quien usó ese concepto para explicar la deshumanización dentro del capitalismo. Marx señalaba que en las sociedades capitalistas, el enfrentamiento entre el obrero y el objeto producido por la división social del trabajo generaba un distanciamiento del hombre consigo mismo. Pues bien, ¿en qué medida el hombre virtual no está alienado por las tecnologías de la comunicación, que están integradas a él y conforman una unidad?. La pérdida del sentido de lo próximo y familiar genera zozobra. Porque la vida se hace con otras personas, en un lugar concreto y en una época precisa. La virtualidad tecnológica genera la equívoca sensación de estar más allá de los límites que impone el entorno vital, en provecho de una dimensión sustitutiva y artificial. Pero al alto precio de perder conexión con la realidad, con los seres de carne y hueso, con el fluir de la naturaleza, con lo próximo, con la hondura interior del ser humano.
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