La persistencia del hambre en el mundo
Casi la sexta parte de la humanidad del planeta, alrededor de 1.000 millones de personas, padecen hambre y desnutrición. Una realidad odiosa que hace dudar de la bondad del ser humano. Pese a haber sido, desde siempre, la razón de los cambios sociales, los progresos técnicos y las revoluciones, el hambre continúa siendo la plaga más letal que afecta a la sociedad humana.No hace mucho Ban Ki-moon, secretario general de las Naciones Unidas (ONU), informó que por esta razón cada minuto mueren 17 personas, cada día 25.000, y más de 9 millones cada año.Para el escritor y periodista argentino Martín Caparrós, que acaba de publicar un libro sobre la problemática del hambre en varios países, eso equivale a un holocausto y medio cada año.Caparrós viajó durante dos años por África, Asia y América para dialogar con personas que no comen lo suficiente. De aquí nació "El Hambre", una obra de 600 páginas, mezcla de ensayo y reportaje."(El hambre) es la metáfora más violenta de la desigualdad en la que vivimos y toleramos vivir", dijo el periodista al hablar de su trabajo, cuya tesis de fondo es que este drama es absolutamente evitable.No hay tema más cacareado en los congresos que reúnen a los líderes mundiales, los gobiernos y los expertos de los organismos internacionales. Pero el hambre sigue estando ahí, como si fuese un hecho ineluctable de la naturaleza.En realidad se revela como un "escándalo" si se parte del supuesto, aceptado por buena parte de la comunidad científica, de que hoy la Tierra produce alimentos más que suficiente para dar de comer a todos sus habitantes y 5.000 millones más.Para Caparrós no hay dudas: si la gente se muere de hambre pese a que la comida está es porque falla la distribución de este bien, algo imputable al sistema económico."Creo que tendría que haber una forma moral de la economía, entendida como forma económica que redistribuya la riqueza para que todos tengamos suficiente y nadie tenga demasiado. El problema es que no sabemos qué forma política puede sustentar esta forma moral", razona el periodista.Hay estudios que avalan la presunción según la cual la desigualdad de la riqueza explica por qué razón mientras unos viven en el despilfarro y el consumismo a otros les faltan los medios esenciales de subsistencia.Oxfam Intermón, una ONG internacional que estudia el fenómeno de la desigualdad global, revela que "la parte del patrimonio mundial en manos del 1% de los más ricos pasó del 44% en 2009 al 48% en 2014 y superará el 50% en 2016".¿Cómo se traduce esto en población y cifras? Según Oxfam, que 72 millones de personas tendrán en poco tiempo más patrimonio que 7.200 millones.Frente a la persistencia histórica del hambre, al hecho de que no ha podido ser erradicado más allá de la caridad y los esfuerzos altruistas, cabría preguntarse si se trata de un fenómeno achacable a un sistema económico, en este caso el capitalismo, o es más bien algo inherente al incurable egoísmo humano.Pensadores pesimistas como Émile Cioran consideran que la miseria objetiva de la vida social es un pálido reflejo de una miseria interior."Sabemos que los hombre podrían suprimir la miseria -escribió el rumano- y a la vez somos conscientes de su permanencia y acabamos experimentando una inquietud inhabitual y amarga, un estado confuso y paradójico, en el que vemos toda la inconsistencia y mezquindad del ser humano".
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