La pobreza, ¿es una cuestión de creencia?
Mientras el Indec contabiliza un total de 4.800.000 de pobres, las encuestas privadas dicen que por lo menos es el doble de esa cifra. Entonces, ¿es según cómo se mire la realidad?La duda queda instalada: ¿quién mide los precios reales de la economía? ¿Cuál estadística refleja el verdadero costo de vida? ¿Cuál ofrece un cuadro verídico de la realidad social del país?Si uno "cree" en la encuesta del INDEC debe aceptar la manera en que calcula la línea de pobreza. En base a la cual en el caso de un matrimonio con dos hijos, dicha línea correspondía en diciembre último a un ingreso de $1.252,54.Es decir, con un ingreso de $1.250 una familia tipo es considerada no pobre. Para el organismo oficial, además, debe percibir menos de $578,58 para que sus integrantes sean considerados indigentes.Los críticos del Indec aseguran que sus números ocultan la mitad de los pobres realmente existentes. Y esto porque hace su cálculo sobre una canasta de bienes cuyo precio es menor que el real.Quedan "invisibilizados", así, 4.500.000 millones de pobres. Tamaña diferencia se explica porque el organismo estatal calcula la línea de pobreza en base a los precios "oficiales" de una canasta básica.Más allá de las encuestas, y dada la disidencia planteada, al ciudadano común no le queda más que confrontar su propia realidad con los cálculos del Indec.Con $1.250 ($10 por día y por persona), ingreso con el cual según ese organismo una familia deja de ser pobre, ¿se puede vivir realmente? O mejor, ¿podrían vivir los funcionarios que diseñan la canasta del costo de vida?La discusión nos lleva a otra más profunda y que comprende la naturaleza de la política. El gobierno, en defensa del Indec, podría alegar: es un problema de valoración de la pobreza.Los hechos de la realidad "objetiva", dirá, suelen ser filtrados a través de nuestras percepciones, las cuales están condicionadas por la ideología. De hecho esos esquemas mentales actúan como anteojeras en nuestra mente.Por tanto, quienes están interesados en que haya más pobres, por cuestiones políticas, pues "verán" entonces más pobres. Es lo que harían en realidad todas las encuestas que desmienten al Indec.Como se verá, este mismo argumento puede devolverse al propio gobierno, al que se puede acusar de "ver" lo que "quiere ver". Es decir, como desea que existan menos pobres, establece en $1.250 el ingreso a partir del cual una familia tipo -un matrimonio con dos hijos- sale de la pobreza.En marketing se dice que no importa tanto lo que las cosas son objetivamente, cuanto cómo esa realidad es percibida. Es decir, algo "es" no lo que es, sino lo que al individuo (el consumidor) le "parece" que es.De ahí que las empresas gasten tanta plata en publicidad: se trata de ganar la mente del cliente, para que éste perciba al objeto como quiere el fabricante, no importa si esa percepción es errónea o se ajusta a la realidad.El lenguaje de la política es la propaganda, un discurso que comparte con la publicidad comercial el afán persuasivo orientado a hacerle creer a los otros -en este caso los ciudadanos- sobre las bondades de tal o cual evento u acción.¿Está cumpliendo el Indec, acaso, una función propagandística? José Ortega y Gasset decía que la política es la subordinación de la teoría -o la búsqueda desinteresada de la verdad- a la praxis del poder.A la política, por tanto, sólo le interesa lo útil. "Mientras tomemos lo útil como útil, nada hay que objetar", aclaraba el español. Ahora bien, el problema surge cuando confundimos lo útil con lo verdadero. Eso ya es mentira, decía.
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