La pobreza y el relato estadístico
Pocos temas generan tanta polémica como la pobreza en Argentina, a tal punto que años anteriores se ha llegado a destruir la estadística oficial para ocultarla.La intervención del INDEC, el organismo estadístico estatal, ocurrida a principios de 2007, instaló la duda lógica respecto de la veracidad de los datos sobre la economía.Devenida en un instrumento de operación retórica del poder político de turno, la estadística oficial pasó a ser una forma de mentira, un mecanismo perverso de adulteración.Ocultar la situación de aquellos que han quedado relegados frente a la inflación, tiene el efecto de falsificar todo el cuadro social del país, instalando un escenario más virtual que real.De esta manera, el termómetro que mide la inflación, y por esta vía la cantidad de pobres y los efectos distributivos del modelo económico en curso, se convirtió en objeto de intensa polémica en el último tiempo.La magnitud de la tergiversación llegó al colmó cuando un ex jefe de gabinete del gobierno kirchnerista llegó a decir que la pobreza en Argentina era menor que en Alemania.Perdida la confiabilidad del organismo oficial estadístico, hoy en proceso de reconstrucción por el cambio de gobierno, años anteriores empezaron a adquirir relevancia otras mediciones de pobreza.Una de ellas es la que viene haciendo el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica (UCA), que pasó a convertirse en una encuesta de referencia para conocer el cuadro social.Frente al 5% de pobreza que el INDEC medía en 2015, porcentaje que dio la entonces presidenta Cristina Kirchner ante la 39° Conferencia de la FAO, la Universidad Católica situaba la pobreza en torno al 29%.Ahora esta universidad acaba de publicar datos del primer trimestre -luego de las medidas de ajuste aplicadas por el gobierno de Mauricio Macri- y la pobreza pasó de ese 29 a un 33%, confirmando así que en el país hay 13 millones de pobres."Los datos de pobreza son similares a los que teníamos en '96 y '97 y los datos de indigencia son comparables con los que teníamos al principio de la década del 90", indicó el director del Observatorio, Agustín Salvia.Ahora mismo se ha abierto un debate en torno a esta cifra, y es lógico que así sea porque toda interpretación estadística de la realidad es controversial. Aunque no debe pasarse por alto que, tras la destrucción de la racionalidad del INDEC, la opinión pública deba dar crédito a una medición privada.¿Cómo distinguir, en la Argentina, las mediciones correctas de las falsas, las honestas de las malintencionadas? El hecho de haber falsificado la información oficial, ha minado la confianza sobre los datos económicos que circulan en el país."Si hay pobres, que no se noten", parece haber sido la estrategia de un Estado que convirtió la pobreza en una retórica, y cuyo éxito sugiere un problema más serio: ¿acaso los argentinos tienen baja tolerancia a la verdad?Según el escritor Miguel Wiñazki, "el mito de la superioridad argentina encubre esta debilidad: la inevitable percepción de que las cosas no son como nos gustaría".Durante mucho tiempo acaso muchos argentinos no querían ver que vivían en un país donde casi un tercio de la población era pobre. Lentamente, ahora, se empiezan a percibir las cosas en toda su crudeza.El mayor capital social que puede tener un país es su capacidad para aceptar la verdad. Por otro lado, a la vista de lo que pasa hoy en la Argentina, parece claro que la realidad no se puede adulterar eternamente.
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