La polémica sobre el papel político de la web
En la opinión pública se sigue debatiendo sobre el verdadero rol que le cupo a Internet en las revueltas árabes. ¿Fue causa o sólo instrumento del tsunami político?Cuando el líder egipcio Hosni Mubarack, acosado por las marchas callejeras, decidió como medida desesperada apagar Internet, pareció haberle dado la razón al fallecido profesor canadiense Marshall McLuhan, quien en la década de 1960 sostuvo que "el medio es el mensaje".Es decir, el contenido de los diversos medios es menos importante que su impacto en los ámbitos sociales, psicológicos y sensoriales. ¿Acaso Mubarack, como víctima de esos cambios, captó como nadie la teoría mcluhaniana?¿Habrá pensado, acaso, que sin las redes sociales, sin Facebook y Twitter, su hegemonía de tantos años no hubiera sido perturbada en lo más mínimo?¿Se habrá percatado, bastante tarde, que la revuelta contra su régimen era producto de una dinámica "tecnoambiental" subterránea e irreversible?La hipótesis del profesor canadiense, su visión radical de la tecnología, según la cual ella es causa eficiente de la historia (como Marx pensó que lo era la lucha de clase), habría sido entonces verificada en las protestas árabes.Así como la imprenta de Gutenberg produjo una metamorfosis humana -la interiorización de la tecnología del alfabeto fonético trasladó al hombre del mundo mágico del oído al mundo de lo visual- el lenguaje de Internet está generando otro tipo humano.La hipótesis funciona así: todo medio nuevo crea un ambiente nuevo, asaltando y cambiando así los sentidos humanos; sentidos alterados equivalen a hombre cambiado; el hombre cambiado conduce a explosiones históricas.El determinismo de McLuhan -quien introdujo la noción de "aldea global", al describir un mundo conectado gracias a los medios electrónicos- tuvo sus detractores.Sus adversarios cuestionaron que subsume al hombre en la tecnología, olvidando que ésta es hechura de él, invirtiendo la prelación entre ambos. El que actúa en la historia, si esa teoría fuese cierta, ya no sería el hombre sino la tecnología, dotada de una actividad misteriosa, mágica.A decir verdad, éste es el debate de fondo que hoy divide aguas entre los ciberutópicos, para quienes no habría revuelta árabe sin Internet, y los ciberescépticos, quienes creen que las redes sociales digitales sólo tuvieron un papel instrumental."Lo he dicho siempre y lo vuelvo a decir: si uno quiere liberar a una sociedad, no tiene más que darle Internet", ha declarado Wael Ghonim, el empleado de Google, quien explicó que la mecha de la revuelta fue un video que se subió a la red en el cual se muestra la golpiza que los policías egipcios propinaron a Jaled Said, dueño de un cibercafé.Desde entonces, explicó, Facebook se convirtió en la "tecnología de la liberación" del pueblo egipcio, contribuyendo decididamente a los cambios que hoy sacuden a Medio Oriente.Los ciberescépticos, en tanto, consideran que esta lectura es parte de un delirio de un grupo de ingenuos evangelistas digitales. "Por favor, la gente ha estado protestando y volteando gobiernos desde mucho antes de la revolución de Facebook", replicó Malcolm Gladwell, escritor de la revista The New Yorker."Recordemos que los franceses tomaron la Bastilla sin la ayuda de Twitter y los bolcheviques tomaron el Palacio de Invierno sin tomarse fotos y publicarlas en Facebook", se lee en un editorial que publicó el Financial Times.¿Quién tiene la razón? Es muy probable que la verdad esté en algún lugar intermedio. En principio, los cambios políticos no ocurren sino hay una diseminación de las ideas y de las opiniones en la esfera pública. En este contexto, parece clara la influencia de Internet.Pero, a la vez, también es verdad que detrás del estallido árabe jugaron presiones macroeconómicas, demográficas y políticas. Y de última fue la gente, no los medios, la que decidió salir a la calle a protestar.
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