La polémica sobre la mirada de la realidad
¿En qué medida la representación que nos hacemos de la realidad se ajusta a ella? ¿O hay que renunciar de antemano a esta concordancia, aceptando que todo conocer está determinado por el querer?El llamado problema del "conocimiento" se remonta a los orígenes de la filosofía. De lo que se trata es de saber si es posible el conocer y bajo qué condiciones.La cuestión es: ¿cómo se establece la verdad? Cuando decimos: "esto es así", damos por sentado que "eso" es verdad. Pero Friedrich Nietzsche, catalogado como maestro de la sospecha, no cree que sea así.El filósofo alemán asegura que el acto de conocer no es inocente. Y esto en el sentido de que la inteligencia no "descubre" sino que "crea" la realidad.Solemos creer que "la realidad" de cada uno de nosotros es "la única" realidad, sin darnos cuenta que es una construcción subjetiva, ligada a nuestro deseo de que las cosas sean de tal o cual manera.Es la posición escéptica por excelencia. "No hay hechos, sólo interpretaciones", proclama Nietzsche. Es decir las cosas son porque nosotros determinamos que sean.Lo real, por tanto, es una invención del sujeto. Hay que decir que esta posición gnoseológica -que vulgarmente se podría asimilar a aquella frase: "todo depende del color del cristal con que se mire"- es la de época.En efecto, hay una tendencia epocal a relativizar las cosas, desde un subjetivismo extremo, acaso como una reacción a un pasado donde en nombre de verdades absolutas se erigían dictaduras sangrientas.Pero nada es tan sencillo. El periodista y escritor inglés Robert Fisk escribió alguna vez: "Es verdad. Nadie cree en nada en estos días". Una formulación curiosa: nadie cree en nada, salvo en esta verdad.Por otra parte, se suele perder de vista la consecuencia social y política de la afirmación según la cual todo conocer está determinado por el querer. ¿Acaso, entonces, no hay más verdad que la "dominante", es decir la que puede ser impuesta por quien tiene poder de imponerla?Ortega y Gasset, contra la posición escéptica, postula que sin embargo el hombre tiene afán por conocer. Hay una incongruencia, dice, entre la necesidad que tiene el hombre de conocer y las facultades con que cuenta para ello.Es decir, el hombre necesita saber, y de hecho le duele su ignorancia, pero a la vez sabe secretamente que sus facultades intelectuales no son adecuadas, o por lo menos, suficientes.Por tanto el problema no es que no exista la realidad fuera de la mente -como postula el subjetivismo-, sino más bien una indigencia cognoscitiva en el propio sujeto.Está abierta, por tanto, la posibilidad de conocer la realidad, aunque se trata de ser modestos. En todo caso, diría Ortega, la realidad es siempre captada desde las circunstancias del que conoce.¿Cómo sería esto? Por ejemplo, mirar los Andes desde Chile no es lo mismo que mirarlos desde Mendoza. ¿Cuál es la visión verdadera? La pregunta no tiene sentido, dice el filósofo español, porque aunque las perspectivas son distintas e insustituibles, sin embargo ambas son verdaderas.Nadie está en condiciones de ver los Andes, en su totalidad, de un solo vistazo. Lo que hay son múltiples perspectivas, cada una de las cuales tiene validez. Para alcanzar la verdad sobre los Andes debiéramos, entonces, unificarlas.Si aplicamos el perspectivismo (como se llama a esta posición) al campo de lo moral y lo social, se pone de manifiesto la necesaria tolerancia como valor fundamental para el ser humano.Pocos temas tan antiguos y tan polémicos, en suma, como éste acerca de la mirada de la realidad.
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