La política: el arte de ganar
Si la política consiste en llegar al poder, como crecía Nicolás Maquiavelo, tiene lógica entonces que los tres principales candidatos a la presidencia hayan participado del show más consumido por la audiencia argentina. No hay que reparar en medios repetía el autor de 'El Príncipe', el célebre manual para quienes ambicionan conquistar o conservar el poder político. Y hoy el medio por excelencia es la TV, sin la cual no se gana una elección.El programa de Marcelo Tinelli, uno de los líderes de opinión más influyentes de Argentina, ofreció así su poderosa pantalla (es decir su numerosa audiencia) a Daniel Scioli, Mauricio Macri y Sergio Massa.Estos "presidenciables" no fueron allí para hablar sobre sus propuestas y programas de gobierno, sino para realizar una suerte de sketch televisivo, una escena humorística en la que interactuaron con un actor que los imitaba.Una puesta controversial para alguna gente que ve que de este modo la política se saca del ámbito de promoción del "bien común", para trivializarla o convertirla en una mercancía televisiva más.Pero en épocas posmodernas, en la llamada "sociedad del espectáculo", al decir del filósofo Guy Debord, la imagen del ciudadano ejemplar, preocupado por la cosa pública, sólo existe en los manuales de civismo.Los politólogos de hoy coinciden en que este sujeto ha devenido en mero espectador/consumidor en la sociedad de masas. Por tanto se trata de alguien que, sometido a la lógica del deseo, juzga más por lo que ve que por lo que comprende.Nicolás Maquiavelo (1469-1527), al aconsejar a los aspirantes al poder, exhortó a ver la política tal cual es, y no como debería ser. Decía que no se debía perder el tiempo en cuestiones éticas y sólo prestar atención a la eficacia.El político eficaz y exitoso es aquel que logra su propósito de llegar al poder. En la sociedad del espectáculo, por tanto, es alguien que sabe rodearse de expertos en imagen, de un equipo de profesionales que se encargan de su "estética".Estos asesores en marketing político aseguran que en las democracias de masas sólo una pequeña franja está politizada, es decir porta una ideología definida y sigue el día a día de los acontecimientos del país (se les llama votantes "duros").Pero buena parte de la población (algunos hablan del 50% del electorado) no está involucrada en la agenda pública, y solo presta atención a los temas generales, por ejemplo si hay crisis económica (son los votantes "blandos").Participar por tanto como candidato presidencial de un show televisivo, someterse a las reglas del espectáculo, tendría como propósito agradar, sintonizar, generar simpatía con ese elector menos politizado y más desinformado.Aquí es más importante el lenguaje del cuerpo que la palabra, los sentimientos que la racionalidad, la gracia y el ingenio en una pantalla que el discurso sofisticado.Se trataría de trasmitir el "lado humano" del candidato para hacerlo más "querible". Verlo reír, bailar, desenvolverse en un ámbito informal, acompañado de su esposa y familia, lo proyectan así como figura cercana con la gente común.El arte de ganar impone no hacer esfuerzos para convencer a los votantes fanatizados por un partido político, sino armar una estrategia electoral orientada a seducir a ese votante masivo que se siente más atraído por un color, una sonrisa o un gesto.La consigna sería: más show y menos banderas.
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