La política en la sociedad plural
Por la evolución dialéctica de la historia las sociedades han dejado de ser homogéneas ideológicamente para pasar a ser heterogéneas. ¿Cómo debe reformularse la política, por tanto, en contextos plurales?El presidente de la Corte Suprema de Justicia, Ricardo Lorenzetti, acaba de plantear que la gobernabilidad de las sociedades posmodernas se ha problematizado por la mutación sociológica.El modelo de poder autoritario, de un jefe o monarca que baja línea a los súbditos, era propio de la sociedad tradicional, del tipo que existía en la Edad Media, cuya nota distintiva era la homogeneidad ideológica.El ejercicio del poder era muy simple: uno mandaba y los otros obedecían. Pero esto era posible porque la clase subalterna, los súbditos, habían internalizado la ideología del régimen.Los sistemas políticos totalitarios de la modernidad (nazismo, comunismo y fascismo) intentaron idéntica cohesión social, aunque no imponiendo una religión sino una ideología estatal (la raza o la revolución proletaria, por caso).Pero la historia tiene razones que la ideología desconoce: las sociedades tendieron a la heterogeneidad creciente, se hicieron más complejas, plurales y diversificadas.Algunos politólogos hablan del tránsito de la sociedad cerrada, organizada y estructurada tribalmente, con un poder férreo en el centro que controlaba las palancas de poder, a una sociedad abierta con ciudadanos empoderados intelectualmente, sin tutelaje ideológico, dispuestos a ejercer la crítica política de los gobiernos y de los poderes de facto de cualquier índole.Así como a las sociedades homogéneas les corresponde un régimen político acorde (monarquía, tiranía o dictadura) las sociedades abiertas y plurales necesitan de un sistema que resuelva, justamente, las diferencias entre los individuos y grupos.Al mutar la estructura social mutan las relaciones de poder, al cambiar la sociología cambia el ejercicio de la política. La gobernanza, por tanto, se complejiza. "Hay que cambiar el modo concentrado y pasar a un modo descentralizado", propone al respecto Lorenzetti.Un ejemplo histórico de descentralización lo protagonizaría en nuestros días el Papa Francisco, quien ha optado por un ejercicio de la autoridad distante de la Curia vaticana y de la Iglesia entendida como institución jerárquica.En el mundo católico quien tomó nota de este cambio en Occidente fue el intelectual francés Jaques Maritain, para quien la democracia es el único sistema de convivencia humana posible, frente al cual sólo existe el totalitarismo.El rasgo saliente de la sociedad democrática es su carácter pluralista. Maritain utiliza este término en un doble sentido: para explicar, por una parte, la diversidad ideológica, contraria a cualquier unidad de pensamiento (imposible si es espontánea y rechazable si es forzada) y para referirse, por otro lado, a la multiplicidad de grupos de los que la sociedad política se compone.La característica del Estado totalitario, aclara Maritain, es que suprime todos los medios legales e institucionales con los que las personas y grupos puedan ejercer control sobre los que se encaraman en el poder político.Karl Popper, en tanto, sostiene que ningún hombre, ningún grupo, ninguna raza, ninguna clase, puede arrogarse el derecho natural de dominio sobre los demás. En las sociedades abiertas, dice, la antigua pregunta de "¿quién debe mandar?" debe ser sustituida por "¿cómo es posible controlar al que manda?".
ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
ACCEDÉ A ESTE Y A TODOS LOS CONTENIDOS EXCLUSIVOSSuscribite y empezá a disfrutar de todos los beneficios
Este contenido no está abierto a comentarios

