La política refleja la cultura de la sociedad
Democracia quiere decir, literalmente, poder del pueblo, soberanía y mando del "demos". ¿Qué pasa si este demos sabe poco y nada, su nivel ético está degradado, su cultura política es paupérrima?Se diría que la pregunta hace a la esencia del sistema. De suerte que podría establecerse como axioma que la política en un país es directamente proporcional a la idiosincracia de sus habitantes.Para saber si éstos están bien gobernados, así, no habría más que averiguar cómo piensan y qué valoran. De visita por el país, el filósofo y escritor español Fernando Savater se animó a encarar el espinoso tema, durante una charla en una escuela bonaerense y después con la prensa.A los chicos que se reunieron para escucharlo, les recordó que ellos serían los gobernantes del mañana. "En una democracia todos los ciudadanos son los que gobiernan. Los que mandan por un período son los que nosotros mandamos a mandar, pero la soberanía está en nosotros", dijo.El filósofo explicó así la mecánica de la democracia representativa, según la cual mientras la titularidad del poder está en el pueblo, éste lo ejercita eligiendo a quien ha de gobernarlo.De ahí el axioma constitucional de que "el pueblo no delibera ni gobierna, sino a través de sus representantes". Pero recordando, dice Savater, que éstos últimos son mandatarios, personas que aceptan del mandante (pueblo) su representación en la gestión pública.Ahora bien, ¿cuál es la conexión con la educación y la cultura? "Formar ciudadanos es formar gobernantes, y que haya buenos ciudadanos es el único camino para que haya mejores gobernantes. Ustedes se están preparando para ser dueños de vuestro destino, del de vuestro país", explicó el español.Es decir, como los políticos salen de este sociedad y son producto de nuestras escuelas (algo que solemos olvidar cuando los criticamos), si se quiere que sean buenos (honestos e inteligentes) hay que aspirar a que su formación también lo sea.Es interesante, al respecto, resaltar esta ley sociológica: los representantes nunca son distintos de los representados; toda vez que reproducen, en la conducción del Estado, el nivel intelectual y ético de sus mandantes.Se podría decir lo mismo de esta manera: las sociedades tienen los políticos y los gobiernos que se merecen (lo cual desbarata la presunción, muy extendida entre los argentinos, de que la sociedad es inocente de cuanto ocurre en la gestión del Estado).Si se quisiera por tanto averiguar cómo es una sociedad, no habría más que mirar el comportamiento de su clase dirigente, que viene a ser la parte más "representativa" o conspicua de aquella.El otro aspecto de la observación de Savater podría entenderse en el sentido de que la sociedad debe estar preparada para discernir, y actuar en consecuencia, si una política es buena o mala.Acaso esto tenga que ver con aquello de que hay que lograr que el "habitante" -que solo es alguien que ocupa un lugar en el espacio, junto a otros- se convierta en un "ciudadano", entendido como alguien ocupado de la cosa pública (república), con conciencia y compromiso cívico.¿Puede haber gobernantes que, en su afán de perpetuarse en el poder, quieran la degradación cultural de sus gobernados? "El populismo es la democracia de los ignorantes", contesta Savater, insinuando que algo de eso hay.En su opinión, los pueblos incultos terminan perdiendo la libertad. "Si alguien es ignorante no puede ser libre. Tenéis que liberaros por vía del conocimiento, de la razón, de la palabra", exhortó a los chiquilines de una escuela del conurbano.Y remató: "La educación es la base de la humanidad democrática".
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