La política retrasa
En palabras de Antonio Gramsci: "La crisis consiste en que muere lo viejo sin que pueda nacer lo nuevo". Acaso la política Argentina atraviese esta transición tumultuosa.Es factible detectar, en este sentido, que la argentina es una sociedad que se va de donde estaba, sin que los políticos puedan detectarlo. Parecieran existir, efectivamente, dos sensibilidades en pugna.La radicalización del kirchnerismo, tras la derrota del 28 de junio, revela notablemente este bache entre la corporación política y los deseos de la gente.La reacción del poder fue dar una sobredosis de lo mismo. El gobierno K, así, en lugar de acomodarse a la opinión mayoritaria de la población, que exigía moderación y diálogo, virtualmente se "chavizó".Algunos explican el fenómeno desde la psicopatología política. Es la interpretación que ha dado estos días el escritor Santiago Kovadloff, quien calificó a Néstor Kirchner de perverso."El perverso llega adonde el neurótico no se atreve a llegar. Ante la barrera que le impone la ley, el neurótico se detiene. No así el perverso. Este desconoce la legitimidad de todo intento de acotar su deseo. En él, osadía e impermeabilidad a la ley son sinónimos", teorizó.Fuera de la psicología -aunque no tanto- el periodista Jorge Fernández Díaz considera que el elenco gobernante, que se encumbró en 2003, proviene del "setentismo".Es decir, "esa deformación autoritaria según la cual la democracia era un invento 'burgués' y las internas sindicales y partidarias podían dirimirse a los tiros"."Un grupo generacional que, en nombre de sagrados ideales, cometió todo tipo de tropelías, torpezas e ingenuidades, y que ahora, lejos de llevar todo eso como un lastre, lo lleva como una condecoración".Según Fernández Díaz, estos muchachos vienen a hacer la "revolución inconclusa", sin advertir que el país y el mundo han cambiado. "Reeditan amigos, enemigos y consignas de una época apolillada", describe."Más que progres de la 'gloriosa JP', estos personajes son 'regresistas', regresan todo el tiempo al pasado para ajustar cuentas, crear un relato (como gusta decir Cristina) y, presuntamente, llevar a cabo en el presente las utopías de ayer".La descripción del periodista nos coloca ante la perspectiva generacional. Por lo visto, un factor muy fecundo para analizar el presente del país. Y que da una clave para entender el bache entre los que tienen el poder y la sociedad.¿Acaso la Argentina padece el desgobierno de una corporación política que quedó anclada en el tiempo? ¿El sistema político es obsoleto, en prácticas e ideas, mientras la sociedad siente y piensa de otra manera?Para el analista político Jorge Giacobbe no hay dudas de que esto es así. En su opinión, su generación (la de aquellos de más de 50 años) le ha hecho un daño imperdonable al país.Generación de la "demolición", dice, ha protagonizado todos los tipos de degradación política: la muerte como método de resolución de conflictos, el robo indiscriminado de las arcas del país, la falsedad ideológica al prometerle a la sociedad mejores mundos que se sabía que no se podían lograr, entre otros pecados.Según Giacobbe, hay que esperar que esta generación se vaya alejando de los controles del poder, casi siguiendo una ley biológica. Son la vieja política que, al decir de Gramsci, no termina de morir para que pueda nacer lo nuevo.El analista asegura que, afortunadamente, desde lo político vivimos un tiempo de enterramiento. Esto comenzó en el 2001, cuando la sociedad repudió a toda la clase política.La elección del 28 junio habría sido otra manifestación que proviene de "abajo".
ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
ACCEDÉ A ESTE Y A TODOS LOS CONTENIDOS EXCLUSIVOSSuscribite y empezá a disfrutar de todos los beneficios
Este contenido no está abierto a comentarios

