La política y la obediencia debida
Para un político oficialista, es decir quien pertenece al partido de los que mandan, ¿es su función obedecer al superior, abdicando así del juicio crítico y la voluntad libre?Para aquellos que creen ilusamente que la política nada tiene que ver con la disciplina castrense -como si fuesen dos actividades humanas que se rigen por lógicas diversas- el senador Miguel Ángel Pichetto los puede desengañar.En una imperdible entrevista con el diario La Nación, la principal espada del kirchnerismo en el Senado se diría que ha hecho un elogio notable de la doctrina de la obediencia debida en política.Usted confesó que había sido un menemista disciplinado. ¿Le parece que usted tendrá retorno de este kirchnerismo disciplinado que practica?, le preguntaron: "Yo voy a estar en el peronismo", contestó, rápidamente, el jefe del bloque de senadores del Frente para la Victoria.Por lo visto, a Pichetto le da igual defender a Carlos Menem que a los Kirchner. Porque él antes que todo, dijo, "es un hombre de partido". Y si viene otro blandiendo un discurso diametralmente opuesto, hará lo mismo, siempre y cuando se lo pida el partido.Están equivocados, aclara, quienes les piden a los políticos oficialistas que piensen por su propia cuenta. Cuando uno llega al Congreso, su función es obedecer al mandamás, como un soldado que cumple una tarea encomendada por el general."Acá hay una cultura de creer que el Parlamento es un espacio de libre pensamiento, de construcción de ideas propias, y soy de los que cree que tenemos que trabajar en línea con la Presidenta y con nuestro gobierno", dijo el entrevistado.Preguntado si estaría dispuesto a defender y a votar ideas que no comparte, el legislador contestó afirmativamente, señalando que eso no le representa ninguna contradicción de conciencia.Su fórmula es simple: "Alineándome con el Gobierno y con mi partido. En eso no tengo dudas", dijo. A decir verdad, esta respuesta se emparenta mucho con el argumento de "obediencia debida" esgrimido por los militares de rango inferior, en los juicios por crímenes de guerra.Lo utilizaron los nazis acusados en Nüremberg. Éstos pedían que no los acusaran por el contenido de sus acciones, toda vez que ellos sólo cumplían órdenes de sus jefes.De esta manera, se veían a sí mismos como autómatas cuya función no era preguntarse por la licitud de su conducta, sino como simples subordinados que hacían el trabajo sucio encomendado por sus superiores jerárquicos.¿Acaso Pichetto no se encuadra en esta definición respecto del peronismo, un movimiento que ha exaltado justamente la lealtad al jefe como virtud principal?No obstante, se le podría conceder al legislador un atenuante. Por ejemplo: es muy probable que Pichetto no se crea el relato K de que el menemismo, al cual él sirvió en el pasado, haya sido lo peor para el país.En este sentido, tanto el menemismo como el kirchnerismo serían dos expresiones legítimas del peronismo, como dos caras de una misma moneda. El escritor Jorge Asís quizá aclare el punto, cuando dice que no hay que buscarle ideología al peronismo. "La ideología del peronismo es el poder", suele decir.¿Acaso Pichetto, y otros como él, funcionan sólo como 'soldados' del poder? Convengamos, por otro lado, que la fórmula "hombre de partido", que es lo contrario del librepensador, es algo que no sólo involucra al peronismo, sino al resto de las fuerzas políticas.Friedrich Nietzsche (1844-1900) no tenía dudas al respecto, cuando escribió: "Quien piensa mucho no tiene las aptitudes requeridas para militar en un partido; porque pronto ese pensamiento lo llevará más allá de ese partido".
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