La postal lacerante de un país que tiene todo
Mientras los frutos del país son demandados a precios excepcionales en el mundo, y "Los Gordos" del sindicalismo defienden sus viejos negocios a balazos, un gobernador admitió que en su provincia ya se murieron este año 206 chicos por hambre.Maurice Closs, un radical cercano al gobierno de la presidente Cristina Kirchner, tuvo que salir a dar explicaciones por la tercera muerte de un niño desnutrido en los últimos días en su provincia, Misiones.Dijo que en lo que va del año "ya murieron 206 niños" en ese territorio, al tiempo que admitió que en Misiones hay unos 6.000 desnutridos, 1.000 de ellos, de extrema gravedad.Pese a lo apabullante de las cifras -que por cierto algunos dicen que ocultan una situación más grave- el gobernador dijo que se está mejor, porque de enero a octubre de 2009 las muertes por esta causa llegaron a 253."Quiere decir que mejoramos el 22%", afirmó. Y destacó que en mayo se puso en marcha en Misiones el programa Hambre Cero, porque la asignación universal por hijo se visualizaba insuficiente.Lo contradictorio es que los últimos chiquilines misioneros que han fallecido por hambre son beneficiarios del plan oficial Hambre Cero. "La situación nos avergüenza", admitió la vicegobernadora Sandra Giménez, de profesión médica."Pero esto no es responsabilidad del gobierno sino del cuadro social en el que vivimos", reflexionó (haciendo el típico razonamiento argentino de transferir la culpa afuera).En tanto el gobernador radical se puso a especular sobre el impacto político de la noticia. Se mostró sorprendido por la trascendencia que tuvo, aunque dijo que todo se debe a que él puso en marcha el plan Hambre Cero."Antes del lanzamiento del plan, mis asesores de imagen me recomendaron que no me metiera con el tema de la desnutrición. Yo les dije que no, que tendíamos que salir a buscar los casos más extremos", confesó."Si les hubiera hecho caso hoy tendría mucho menos conflictos que lo que tuve. Ahora, si se muere alguien que está en este plan, salen a pegarnos. Mañana se puede morir otro chico, puede pasar. Pero si se hubiera muerto el año pasado, cuando el plan no existía, nadie se enteraba", razonó Closs.A todo esto, la presidenta de la Federación Argentina de Asociaciones Profesionales de Servicio Social (Faapss), Silvana Martínez, fue lapidaria: "Lo que ocurre en Misiones es otro crimen cometido por el Estado. Son como crónicas de una muerte anunciada".El episodio misionero ha colocado otra vez en el tapete la paradoja de las muertes de niños por hambre en un país productor de alimentos. Para Juan Carr, de la Red Solidaria, las muertes por esta causa se redujeron a un tercio en la Argentina, si se lo compara con el peor momento de la crisis, en 2001.Cabe consignar que el PBI del país en estos años ha crecido notablemente, a partir de que las materias primas que la Argentina exporta (sobre todo soja) tienen precios excepcionales.Abel Albino, director de la Fundación Conin, puso el dedo en la llaga, al enterarse de lo de Misiones: "La Argentina produce alimentos para 400 millones de personas y no puede mantener alimentados a 38 millones".Y añadió: "Es comprensible que esto ocurra en África, porque no hay recursos. Allí sí que hay mortalidad por hambre. Pero un país que produce alimentos no tiene hambre, tiene desidia. La Argentina tiene el doble de mortalidad infantil que Chile, un país con mucho menos recursos".Las muertes por desnutrición ocurren mientras en Argentina se sigue discutiendo sobre los desmanes de una burocracia sindical enriquecida y corrupta.
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