La Presidenta hizo a un lado el debate ético y se inclinó por el pragmatismo
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Fueron 72 horas de ambigüedades e incertidumbre. Si bien ella misma lo admitió, que era la única que esperaba el fallo, la resolución de la justicia norteamericana sembró de zozobra al gobierno y lo sumió en un estado deliberativo del que el viernes lo sacó la Presidenta de la Nación. Si alguno especulaba con el paraguas protector del Mundial de Brasil 2014 se equivocó. Puede que la cabeza de la gente esté en otro lado y los parámetros para juzgar lo que pasa estén alterados, pero la vida sigue en el resto del mundo y nadie es inmune al impacto de las decisiones que se toman. Y algo de todo esto hay, aunque el efecto somnífero dura lo que el agua se escurre entre los dedos. Hoy, es más o menos lo mismo que el Vicepresidente Boudou sea citado a indagatoria porque supuestamente estaba flojo de papeles con un auto que fue de su propiedad, con la polémica entre Sabella y Messi por jugar con un 4-3-3 o con un 5-3-2, como se planteó ante Bosnia en el debut mundialista. En la tierra del todo es igual a todo, ambas cuestiones quedaron equiparadas y no hay dudas que hoy lo más le interesa a la gente es saber si hay camarilla o no en la selección y si Francia o Suiza serán el rival de Argentina en los octavos de final.Pero los tiempos judiciales del país del norte no entienden mucho de estas cuestiones. Sin importarles un comino, los jueces de la Corte Suprema de Estados Unidos rechazaron tomar el caso argentino y nos dejaron al descubierto. Volvió pues a cobrar vida un tal Thomas Griesa, un señor mayor casi retirado ya de su vida activa, que bajó el martillo a favor de los acreedores que quedaron fuera de las renegociaciones que se hicieron en 2005 y 2010. Es el 1% que accionó judicialmente en el 2006 y, 8 años después consigue definitivamente un fallo favorable e impostergable. A esta altura debatir sobre cuestiones éticas parece estéril. Está bien que 6,7,8 se dedique a esas cuestiones, pero desde el punto de vista práctico al gobierno argentino ni al país le suman demasiado. Es hora de tomar decisiones de fondo y así lo entendió la Presidenta que, después de bajar algunos mensajes ambiguos, tomó postura clara en Rosario el viernes, con el bucólico escenario del Río Paraná a sus espaldas. Y Cristina, que no come vidrio y quiere terminar lo mejor posible su mandato, hizo lo que la lógica indicaba: anunciar que la Argentina negociará con todos y buscará las formas de cumplir con el '100%' de sus acreedores, los buenos y los malos.La Argentina hoy, está lejos de las condiciones de debilidad del 2005 cuando Roberto Lavagna tuvo que negociar por primera vez con los bonistas y tiene en el horizonte una fecha clave que nadie ignora. El 31 de diciembre de 2014 vence la cláusula que le permite a todos los que entraron en las dos primeras renegociaciones reclamar judicialmente si se modifican las condiciones de pago a otros acreedores. Todo lo que se hable por estas horas tendrá en cuenta ese dato, que le deja las manos libres a los negociadores argentinos. Con su postura final, Cristina fue fiel a su propia historia junto a Néstor Kichner porque no ha habido gobierno mejor y más pagador que este de las acreencias externas. El ex presidente optó por pagarle tiki-taka al Fondo Monetario para que dejara de meter las narices en las cuentas de economía y años después la Presidenta presionó y presionó a su Ministro Kicillof para que llegara a un acuerdo con los banqueros del Club de París. Entre el relato y los gritos, se sacaron de encima a Repsol, consiguiendo que la empresa española levantara la demanda en el CIADI. Eso sin contar la innumerable cantidad de pagos que el estado argentino ha hecho estos años, religiosamente, a los bonistas extranjeros y locales. Desde hace un par de años, y cuando se cerró el grifo de los dólares por el abrupto descenso de los niveles de inversión, el gobierno ha hecho puntualmente los deberes para volver a los mercados internacionales y conseguir financiamiento como lo obtienen países cercanos como Chile, Uruguay o Perú. Claramente en este tema, el famoso relato oficial, fue siempre por un carril distinto al de los hechos. Cacareamos en un lado pero pusimos los huevos en otro.También sería injusto algún reproche a la oposición. La reacción de los principales dirigentes, con matices, estuvo a altura de las circunstancias. Si el pedido en los últimos años fueron propuestas alternativas o se remarcó la falta de creatividad, este no era el momento de revolver el avispero. Hace un par de semanas una delegación de todos los partidos acompañó y respaldó el pedido argentino ante la administración norteamericana, remarcando los riesgos de un fallo desfavorable. El propio Julián Domínguez, titular de Diputados, reconoció y agradeció el gesto de los legisladores y los partidos de la oposición. Era lo que debían hacer y lo hicieron.Quizás la Presidenta esté ante la oportunidad histórica de darle una solución definitiva a la deuda argentina. Los canjes del 2005 y 2010 fueron el primer paso y si se llega a un acuerdo con los 'buitres' de hoy, el frente externo quedará definitivamente saldado. Para las tribunas de debate quedarán los valores éticos de quienes compran bonos basura o la conformación del sistema financiero internacional y su inquina con países como los nuestros. En cuestiones de deuda, la historia reciente de la política vernácula, ha sido pragmática, más allá de las creencias y las declamaciones. El viernes, desde Rosario, Cristina lo volvió a ratificar.
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