La Presidenta pidió que no suban los precios ¿tasas e impuestos es lo mismo?
:format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/adjuntos/240/imagenes/000/736/0000736773.jpg)
La verdad que nuestras cualidades de videncia deberían servirnos para otra cosa, pero vamos a ser honestos, qué videntes ni que ocho cuarto. La Presidenta, hace un par de semanas habló por primera vez en un discurso de inflación. Ya manejaba los datos, por entonces, de lo que blanqueó el viernes en la Casa Rosada. Jorge Barroetaveña Es que la inflación se ha vuelto un problema difícil de resolver para el gobierno, aunque la aceptación es un gran paso. Hace un par de semanas, cuando la Presidenta dijo lo que dijo y le pidió a gobernadores e intendentes que no subieran desmedidamente los impuestos, ya sabía que la actividad industrial arrojaría por primera vez en 10 año datos negativos y que la temporada veraniega estaba lejos de ser lo esperado. Es que el recalentamiento de la economía, vía aumentos de precios es un hecho. Y con eso se pone en juego uno de los pilares que desde hace años sostienen el modelo nacional y popular. Es que la concepción estructural del programa económico admitía ciertos niveles de inflación. A ver, la variable era funcional para el sostenimiento de la demanda y con esto, por carácter transitivo del crecimiento. Sin embargo y pese a la crisis internacional, el gobierno parece haber caído en la cuenta que aquel equilibrio entre inflación y crecimiento está desbalanceándose peligrosamente.El dólar siguió creciendo en las últimas semanas, a punto tal que el ministro 'de facto' Guillermo Moreno admitió que el oficial podría cerrar el año a casi 6 pesos. El 'blue', por las dudas, siguió picando durante la semana y ya amaga con perforar el techo de los 8. Pero el dato que encendió las alarmas en la Casa Rosada fue el de la actividad industrial que volvió a caer y la 'osadía' de Daniel Scioli de empezar a reclamar por más plata. La doble lectura de los hechos es económica y política. "Hay que hacerles el 'vacío' -espetó la Presidenta- a quienes suben los precios y se hacen los vivos". Tras cartón arremetió contra los comerciantes de la Costa Atlántica y le hizo un guiño a San Luis y Entre Ríos (Urribarri la miraba con satisfacción) por cómo crecieron esas plazas. Pero la contundencia de los hechos, esta vez, fue más fuerte que sus palabras. Un puñado de horas antes trascendió que las importaciones de algunos productos comenzarán a ser flexibilizadas. ¿Por qué? El mensaje es claro y está destinado al sector empresarial: el principal justificativo para 'cerrar' la economía fue proteger la industria nacional de la debacle extranjera. ¿Qué pasó? Los precios siguieron subiendo y, fieles a su historia, los empresarios locales tampoco dan muestras de buscar hacer lo contrario. Por eso Cristina fue clara cuando dijo que los acuerdos de precios no sirven y es el consumidor el que tiene la herramienta más importante a su alcance. "Esto está caro. No lo compro", asestó la mandataria.Pero la Presidenta, más allá de los números de la inflación, imagina otra embestida, que será política, y de la que apareció el primer zarpazo: la coparticipación. En una insólita carta, más cercana al accionar de la oposición que al del oficialismo, la Provincia de Buenos Aires (Scioli en definitiva) reclamó empezar a tratar cómo se reparte la torta de la recaudación. El pedido, juzgado como un acto de 'cobardía política' por parte del Vicepresidente de la Nación Amado Boudou, sacudió las estructuras del kirchnerismo que entró en estado deliberativo. Es que Scioli se la ve venir: sabe que arrancó un año electoral, que se juega su candidatura presidencial y que los fondos que administra la Casa Rosada, serán la variable de ajuste para sus ambiciones. Ese rebenque con forma de chequera servirá para amedrentar a los díscolos y directamente comprar a los dudosos. El gobernador bonaerense es conciente que en la gestión se la va la vida y si el kirchnerismo lo condiciona con eso, está perdido y tendrá que despedirse de su deseo de llegar a ser Presidente.Este condicionamiento político, que termina siendo económico, será la madre de todas las batallas en la que el oficialismo deberá dirimir su sucesión y, al cabo, su permanencia en el poder. Y el nombre Scioli no garantiza nada de lo que se ha hecho hasta ahora, al menos para los paladares negros que rodean a la Presidenta y que son aquellos a quienes ella más escucha. ¿Hasta dónde llegará el atrevimiento sciolista? Es difícil pensar que habrá pelea en las legislativas de este año, que no habrá acuerdo para que ambos sectores vayan juntos al comicio. Pero la disputa está planteada y es cuestión de tiempo. Inexorablemente, llegará el día y la hora en que unos y otros se saquen la careta y muestren su esencia, esa que los hace pelear por mantenerse en el poder.La política está llena de paradojas y la Presidenta, con su último discurso dejó una muy atractiva planteada. Si hay que hacerle el boicot a los que suben los precios, ¿qué hay que hacer con los intendentes y gobernadores que aumentan sus tasas e impuestos en forma desmedida? ¿Con qué argumento sale el Jefe de Gabinete Abal Media a pedirle 'mesura y prudencia' a los sindicatos docentes que solicitan aumentos del 30% cuando hay gobiernos provinciales y comunales que han incrementado hasta un 600% sus impuestos? Aquí es donde el modelo hace agua y la Presidenta parece haberse dado cuenta. Y lo empezó a decir. ¿Hasta dónde llegará o sólo será algo de brisa fresca en un verano caliente?
ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
ACCEDÉ A ESTE Y A TODOS LOS CONTENIDOS EXCLUSIVOSSuscribite y empezá a disfrutar de todos los beneficios
Este contenido no está abierto a comentarios


