La Presidenta tiene su Titanic y la oposición, para no ser menos, también
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El ejercicio de comprender al peronismo en el poder es una cuestión ciclópea a esta altura. También entender a los radicales se ha vuelto complicado. ¿Qué hace la Presidenta lanzando una medidora de rating de televisión al mismo tiempo que la economía cruje? ¿Qué hace Gerardo Morales sacándose una foto con Sergio Massa cuando los acuerdos de UNEN están unidos sólo con alfileres? Jorge Barroetaveña Las respuestas a estos interrogantes pueden ser diversas pero es altamente probable que nadie las tenga, ni siquiera los propios protagonistas. La estrategia presidencial de ignorar los problemas no es nueva. Ese doble estándar, de no hablar pero intentar hacer, se remonta a los orígenes mismos del kirchnerismo, aunque la Presidenta parece empeñada en llevarlo a paroxismo.¿Qué necesidad tiene el estado de impulsar una nueva medidora del rating? ¿No hay acaso problemas muchos más urgentes que ese? ¿Cómo es esta historia de las noticias sin intermediarios? Es evidente que al modelo los periodistas no le cierran, sean propios o extraños. Nunca hubo términos medios: los extremos son la militancia relatora de Víctor Hugo Morales o la canallada vende patria de Jorge Lanata. En el medio no hay nada, sólo campo orégano para las operaciones de prensa y los intereses de las corporaciones, sean estatales o privadas.La verdad es que, seguir debatiendo la influencia de los periodistas en la vida cotidiana de la gente, atrasa. Demasiado atrasa. El mismo kirchnerismo sacó el 54% de los votos con 'todos' los medios en contra. Más allá que el 'todos' sea una cuestión discutible, nadie puede dudar de la legitimidad de aquel triunfo y del poder que emanó de él. Ese poder tampoco le alcanzó para desarmar las malditas corporaciones que hoy, después de 12 años, todavía lo condicionan.La libertad de prensa no se mide por la libertad de decir lo que uno quiera, sino porque no haya consecuencias por decirlo. Ni más ni menos. La energía que ha gastado el kirchnerismo enfrentando a los medios y a los periodistas ha sido infinita en estos años. Claro, en el caso particular del Grupo Clarín arrancó en el 2008, porque hasta ese momento el matrimonio conveniente iba viento en popa. Nadie hablaba de la corporación mediática, del monopolio o de la complicidad con los gobiernos militares. En esa época una tapa bien valía ese silencio.Qué pasó, sólo los protagonistas de la historia lo saben. Uno de ellos ya no está para contarlo y los otros callan. ¿Por conveniencia? Lo cierto es que esta batalla le ha sido funcional al gobierno y ahora parece volver a serlo. La lista es larga: los militares, la Corte Suprema, la iglesia (la misma de Bergoglio, no otra), la clase media, el campo, y ahora vuelve el Grupo Clarín y por extensión los medios de comunicaciónm, o mejor dicho los monigotes que estos manejan que vendrían a ser los periodistas.Esta estrategia le ha rendido grandes frutos al gobierno, de hecho le permite hoy seguir conservando la iniciativa ante una oposición lenta y sin reflejos. La Presidenta maneja el tablero con sus movimientos y pone en jaque con cada uno de ellos, las piezas de sus contrincantes. Es la misma oposición que fue incapaz de establecer puntos en común en el Congreso de la Nación o que delira suponiendo que al peronismo se le puede ganar desde la ingenuidad ideológica.La política de las fotos es un mal que trajo la modernidad. ¿Cuál es el significado de una foto entre dos políticos? ¿Es un acuerdo programático, electoral, es un mensaje para el resto? Sólo Massa y Morales conocen en profundidad el significado de la foto que se tomaron en Jujuy. Medido sólo en términos de efectos mediáticos fue un golazo. Habrá que ver aún si fue a favor o en contra.Para Massa fue todo ganancia, para Morales una duda y sobre todo, para el experimento de UNEN que trata de sobrevivir a los barandazos. En la oposición suponen que, después de 12 años de kirchnerismo, la sociedad saldrá en busca de gobiernos con mayor capacidad de encontrar consensos. Gobiernos más abiertos al diálogo y alejados de las imposiciones autoritarias. Es posible pero eso no implica un liderazgo débil.La labilidad es una característica que parece envolver a todos los candidatos que supuestamente tienen chances. Scioli ha hecho un culto de su ambigüedad. Debe ser el político más difícil que existe para que un periodista le pueda arrancar una declaración jugosa o impactante. Sergio Massa arrastra su origen kirchnerista, y empeñado como Macri en diferenciarse del kirchnerismo, opta por alejarse de las grandes definiciones, confundiendo tranquildiad con tibieza. En política, como en cualquier orden de la vida, es necesario marcar la cancha de vez en cuando y ser claro en el mensaje que se transmite.Si hay algo que jamás fue ni lo será seguramente Cristina Kirchner, es confusa en su mensaje. Sabe adónde apunta y cuál es la consecuencia que busca. Esta iniciativa le ha permitido llevar de las narices al resto, imponerles la agenda y someterlos a sus objetivos. También es cierto que el poder del estado en la Argentina parece infinito, al menos puertas para adentro, y no hay fuerza que se le pueda contraponer.A menos de un año de las PASO y pese a la debilidad que envuelve a cualquier gobierno que tiene fecha de vencimiento, la oposición no logra aún imponer la agenda. Ni siquiera Massa lo ha podido hacer, salvo raras excepciones, pese a que lo respaldan los 4 millones de votos que sacó en Buenos Aires en el 2.013. Y es evidente el malestar social que reina desde mucho antes.Los radicales deberán resolver dos dilemas, uno ético y el otro práctico. Si le quieren ganar al peronismo, tendrán que jugar en el mismo terreno. ¿Llegará tan lejos su vocación de poder? El debate todavía está abierto y no parece haber acuerdo. Elisa Carrió fue la primera que tiró la piedra y la condenaron por hereje. Cobos, que ahora señala con el dedo, es el mismo que fue vice de Kirchner. Morales se saca fotos con Massa y Sanz no cierra ninguna puerta. Eso sin contar los alaridos de Pino Solanas y los socialistas de Santa Fe que ven a Macri como la reencarnación del diablo.Falta menos de un año y todo puede pasar. Pero el tiempo juega a favor del kirchnerismo. La oposición baila arriba de su propio Titanic. Se pelean por ver quién será el capitán. A lo mejor no saben que el barco se hundió y Leonardo Di Caprio desapareció con él.
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