La profanación y la mercantilización de la palabra en periodismo
Resulta útil replantearnos el cuadro de situación en las relaciones con los factores de poder político, económico-financiero y la sociedad en su conjunto, a la hora de enfocar los niveles en que ejerzamos nuestra actividad periodística.Luis María SerroelsUna profesión cada vez más invadida por intrusos, mal hablados y mercenarios de la difamación. Aunque suene perogrullesco, para hacer periodismo basta solamente con saber ser periodista, pero eso sí, estableciendo la distancia entre "ser" y "creerse". Entre los pliegues del cerebro, el alma y el corazón se pueden hallar las diferencias.Este nuevo Día del Periodista nos sorprende con una acentuación del desembarco irrespetuoso de profanadores de una profesión que no puede quedar graciosamente librada a quien se le antoje, a veces como variable de compensación de frustraciones vocacionales, como mero medio de entretenimiento, como vía fácil para encarar operaciones non sanctas o como fuente de muy buenos ingresos cuando se elige el camino de cobrar por decir lo que no se piensa y también por callar lo que no se debe. Censurable es que el ataque contra periodistas honestos que reivindican su ejercicio independiente, sea a veces sostenido con dinero de la arcas públicas.Periodismo serio supone libertad con responsabilidad sin rodearse de un halo de impunidad, ni disponer de una licencia para manchar honras ajenas o mentir a sabiendas, ni adjudicarse un salvoconducto para injuriar y calumniar cometiendo verdaderos crímenes morales. Nadie debe expresar como periodista lo que no pueda sostener como persona de bien.Cada día los problemas se agravan con la proliferación de los alejados de la ética y del buen decir, incapaces de asumir ese verdadero estado de conciencia indeclinable que impone el ejercicio insobornable del periodismo, con bolsillos flacos y uñas cortas, donde se encolumnan hombres y mujeres que incorporan como un verdadero servicio esta labor en el milagro cotidiano de la comunicación.Hoy arrecian seudo periodistas subvencionados del presupuesto estatal mediante generosas pautas publicitarias o, más grave todavía, con sobres por debajo de la mesa, sin observar regla alguna y sin ponderar antecedentes, inserción en el colectivo social, apego por la verdad ni respeto por el lenguaje. Y que buscan enmascarar con el novedoso rótulo de "militante" su indecoroso abandono de normas de conducta.Se ha generado una suerte de barrabravas del micrófono, la cámara o la PC, por su incultura, su falta de respeto por el pudor ajeno y su garantía de impunidad a favordel apoyo que algún poder de turno les proporciona.Esto incluye ataques arteros hacia honrados periodistas en procura de descalificarlos y sacarlos del camino como acto de complacencia hacia quienes les pagan para ello. Son los que hacen muy bien sus deberes buscando neutralizar las críticas, matando al mensajero, ocultándose tras el anonimato y exhibiendo comportamientos impropios, porque su único compromiso es con el convenio monetario que sepulta preceptos morales y aniquila la verdad."Perro guardián"La prensa ha sido definida como "perro guardián" de la democracia por la Corte Europea de Derechos Humanos. Dijo el alto tribunal que "la libertad de expresión esconsiderada uno de los fundamentos esenciales de una sociedad democrática y su tutela es especialmente importante cuando está involucrada la prensa, porque puede jugar su vital rol de custodio, ya que le incumbe difundir informaciones e ideas sobre asuntos de interés público dado que el público tiene derecho a recibirlas".James Madison (impulsor de la Primera Enmienda estadounidense en la que se incluye la libertad de prensa y de expresión) señaló que "un gobierno popular sin información popular o sin los medios para adquirirla, no es más que un prólogo a una farsa o a una tragedia, o a ambas. Un pueblo que intenta ser su propio gobernante, debe armarse a sí mismo con el poder que da el conocimiento".Y nuestra Corte Suprema de Justicia, en un fallo ya cincuentenario señaló que sin el debido resguardo a la libertad de prensa "existiría tan sólo una democracia desmedrada o puramente nominal" y por ello aunque sea un derecho individual, cuando la Constitución lo consagra "protege fundamentalmente su propia esencia democrática contra toda posible desviación tiránica".En este 7 de Junio y en defensa de los códigos básicos, de los grandes valores, de la sana confrontación de ideas, del rechazo hacia la compraventa de líneas editoriales y al sometimiento a imposiciones bochornosas para dar cabida a los militantes de la ideología de la ineptitud y la trampa, es imperioso que nuevos y virtuosos vientos empiecen a soplar.Causas noblesGracias a Dios que aún sobreviva una prensa corajuda que no cotiza su palabra en el mercado bursátil de la opinión sino que la juega en su diario compromiso con las causas nobles. Que hace estremecer a déspotas y tiranos y que, al decir d un pensador, "es como los torrentes, que se embravecen y cobran mayor fuerza cuando más grandes son los peñascos"."Raros tiempos de felicidad, en los cuales es lícito decir lo que se siente y sentir lo que se dice". Esta expresión del historiador romano Tácito sirvió de lema para la Gaceta de Buenos Aires, referencia liminar de la primera publicación que, inspirada por Mariano Moreno, aparecía el 7 de junio de 1810 como sostenedora de los altos ideales revolucionarios.Y que poco después proclamara que "los pueblos yacerán en el embrutecimiento más espantoso si no se da una absoluta franquicia y libertad para hablar". Aceptado es que el diámetro de la prensa sin ataduras, es el diámetro de la civilización; es el dedo que acusa y también el grito desahogado de los desposeídos.Defendamos la diversidad de los mensajes -cosa que los dictadores y poderosos nunca consienten- y asumamos el desafío constante de ser fieles a la verdad, diáfana y contundente, vital y edificante, inmutable y luminosa, sin profanar la palabra ni hacerla caer en el abismo de una sucia mercantilización.Crear y recrear el diálogo entre los hombres del mundo, haciéndolos partícipes de todo cuanto les afecta para bien o para mal, superando barreras ideológicas, credos, razas, tiempo y distancia, es misión fundamental de cada periodista, que debe ejercerse con genuino y contagioso optimismo. Cuando se cercena la libertad de prensa, quedan en riesgo todas las demás libertades.
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