La puja salarial en un año electoral
Los reclamos por aumentos de sueldos van in crescendo ante la percepción de que la inflación come las últimas mejoras salariales. Pero hay una pelea desigual contra el costo de vida entre los sindicalizados y los informales.Mientras la CGT de Hugo Moyano pretende que el gobierno lleve el actual salario mínimo de 1.840 pesos a 2.600 pesos, distintos gremios vienen presionando por mejoras en los ingresos de sus trabajadores.Aquí en Entre Ríos, por caso, el sindicato docente declaró una huelga de 48 horas en reclamo de un reajuste salarial, pese a que había acordado meses atrás un aumento con el gobierno.Según la consultora Consuasor, en el primer semestre de este año la conflictividad laboral superó en un 31% la de 2010. Ya se produjeron 410 conflictos sindicales contra 312 en igual período del año pasado."El análisis comparativo demuestra un crecimiento en los índices de conflictividad socio-laboral respecto de 2010. Las pujas salariales, con elecciones de por medio, hacen de esto un combo difícil de sostener", explicó Facundo Sosa Liprandi, director de Consuasor.En declaraciones a La Nación, agregó: "A esto se suma el crecimiento inflacionario como condimento exógeno que termina teniendo un rol importante en la negociación".Pero no es lo mismo estar sindicalizado, con capacidad para empardarle a la inflación, que ser un empleado fuera de convenio, que es el que más sufre la pérdida de poder adquisitivo.El 38% de los asalariados está en negro, con picos del 42% en pequeñas ciudades y pueblos del interior. Eso lo afirma un estudio del Instituto para el Desarrollo Social Argentino (IDESA), sobre la base de datos oficiales."La informalidad sigue afectando a uno de cada tres asalariados. Si a esto se suma la inactividad laboral no deseada, el desempleo y el trabajo autónomo de baja productividad, los problemas laborales siguen siendo masivos", señala el informe.Según Jorge Colina, economista del instituto, en el país hay 4 millones de personas que son asalariados no registrados o gente que trabaja por su cuenta en actividades de poca productividad.Este universo tiene un ingreso promedio de 1.300 pesos, contra los 4.500 pesos promedio que cobra un empleado formal. El problema que sufren es que no pueden compensar la suba de la inflación, como sí lo logran los trabajadores sindicalizados.Hay que decir que la distribución del ingreso en Argentina mejoró en comparación con 2002. Después de la salida de la convertibilidad se habían desplomado los sueldos. Desde entonces aumentó el empleo y los trabajadores aumentaron su poder adquisitivo.Sin embargo, no todo es color de rosa. Algunos analistas sostienen que se observa un estancamiento del poder adquisitivo de los trabajadores, en un contexto de crecimiento de la inflación.A pesar de los aumentos salariales pactados durante 2010, la mitad de la gente ocupada -que equivale a unas 7.720.000 personas- empezó el 2011 ganando menos de 2.200 pesos.Así surge de la Encuesta de Hogares del INDEC del primer trimestre de este año, según informa el periodista Ismael Bermúdez. Ahora bien, si se suma el ingreso de las familias -porque además del jefe de hogar trabajan otros integrantes- en la mitad de los hogares ingresan menos de 3.800 pesos mensuales.Esa cifra contrata con el costo de la canasta familiar -para un matrimonio y dos hijos- que ronda los 5.000 pesos, según estimaciones privadas. En perspectiva, por tanto, pese al repunte económico y el incremento del empleo de estos años, el poder de compra de gran parte de los trabajadores sigue siendo bajo.
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