La pulpería de los Impini, centro de reuniones de Talitas
Fue por mucho tiempo el punto de reunión y encuentro de una vasta zona rural con epicentro en Talitas, a 16 kilómetros de Larroque. Los domingos se llegaba a juntar un número superior a las 60 personas.
Fabián MiróLa pulpería funcionaba como almacén de ramos generales, ferretería, despacho de bebidas y carnicería. Pero todo cambia. Y la mejor muestra está en el campo entrerriano donde abundan las taperas, escuelas que no funcionan al no contar con un mínimo de alumnos, iglesias abandonadas e invadidas por la naturaleza.El éxodo rural que comenzó en los '70 y se profundizó notablemente en los '80 y '90, fue uno de los detonantes para que se produjera un desarraigo importante. Familias numerosas que al fallecer el o los propietarios de los campos, no les quedó otra a sus herederos que vender.El avance de la agricultura tiene que ver en esta historia. Si bien demanda mano de obra especializada, operarios en la agroindustria, profesionales como Ingenieros Agrónomos, camioneros, no arraiga la gente en el campo como lo hace la ganadería, lechería y ahora la avicultura. Gente que trabaja y vive en esa tierra.La pulpería de Impini data de 1889, como está marcado en el galpón que hacía las veces de depósito, saladero de los cueros de los animales que allí se faenaban y punto de reunión temprano en un fogón en los que a las cinco de la mañana comenzaba la primera ronda de mate. Y si quedaba algo de la noche anterior, como por ejemplo asado, se lo "picaba" y consumía antes de que saliera el sol, señal de que otra jornada comenzaba.Hoy, de la pulpería queda un caserío viejo al que se le nota el paso de los años. Un silencio que se hace sentir, interrumpido por loros que han anidado en los eucaliptus.Allí vive desde 1981 Ramón Ramírez, un hombre que cuida el lugar a la vez de explotar las 19 hectáreas con algunas vacas, un poco de quinta y changas que siempre salen.Además trabajó en la pulpería hasta el año 2000. "Después se hizo cargo Raúl Impini, quien restauró el lugar y trabajó con el turismo, pero lamentablemente falleció y esto quedó en la nada", contó Ramírez quien también atendió la carnicería hasta 1989 "año en el todavía quedaba un poco de gente".El boliche en sus inicios fue de la familia Belgeri, posteriormente de Gervasoni y hoy la propiedad la pertenece a la familia Impini.Era un importante centro de comunicación hasta el '89, debido a que funcionaba el único teléfono de la zona. "Teníamos que marcar un número y pedirle a la central de Larroque la comunicación con la manijita", recordó con nostalgia Don Ramón.Por su parte, Humberto Fiorotto, radicado desde hace varios años en Larroque (nació y se crió en Talita) definió a la pulpería como el "centro social de toda la comarca talitense".El mayor esplendor de Talitas se dio en la década del '50 y '60. "La carnicería llegó a matar dos vacas por día. También se vendía alimento balanceado para los pollos, que comenzaban a surgir en esos años y el almacén de ramos generales tenía de todo (útiles, ropa, bebidas, alimentos) lo que necesitara se conseguía en lo de Impini", recordó.Y agregó que "el tránsito era intenso, por la tarde se juntaban entre 8 y 10 personas que venían a buscar la carne, mercadería, útiles y los domingos llegábamos a ser unas 50 personas". "Los muchachos jugábamos al fútbol en un potrero. Estaba la cancha de bochas, truco en el boliche y los más veteranos iban al patio y jugaban al quintillo", destacaron Ramón y Humberto.La materaTodos los vecinos que en su mayoría eran colonos en estancias vecinas, antes de comenzar una jornada laboral, tenían una parada obligada en lo de Impini. Alrededor de las tres de la mañana se comenzaba a cortar carne a sierra para repartir posteriormente.Fiorotto contó que llegaban "a las cinco, comprábamos la carne, tomábamos mate, a veces se comía un poco de asado entre las 10 y 15 personas que nos juntábamos".Por su parte, Ramírez destacó que los días entresemana "siempre pasa alguien y uno conversa un poco, además en el campo trabajo nunca falta, pero el domingo no anda nadie y se añoran esas jornadas con tanta gente, tanta vida".En tanto, Fiorotto afirmó que su vida en el campo "fue muy feliz" porque "la gente era muy familiera, las casas quedaban abiertas, nadie tocaba nada. Todos nos conocíamos, pero con el paso del tiempo, la gente se fue y nos toca vivir esta realidad".El reparto de carneSe hacía en dos jardineras, tiradas por dos caballos que salían a las cuatro de la mañana. Una tomada para el sur y otra en dirección al norte. En algún punto determinado (normalmente alguna estancia o puesto) tenían una "muda" de caballos para cambiar a los que habían sido utilizados en la primera etapa.Repartían hasta San Eufemio, también hasta el almacén de Fardini en donde se encontraba un palo con todos los ganchos y ahí se iba colgando la carne que luego recogían los vecinos del lugar.En invierno el reparto se hacía cada dos días y en verano todos los días. "Obviamente sin ningún tipo de refrigeración y cadena de frío. Normalmente se mataban vacas y algunas entradas en años, eso no era problema, teníamos buena dentadura", comentó Fiorotto.En cuanto al reparto de pan, Ramírez acotó que el panadero pasaba una vez por semana y a la "galleta la depositábamos en un cajón y luego se despachaba. Era otro tipo de panificación". "Antiguamente el pan llegaba en carro y en los últimos tiempos, Gatti (panadero de Larroque) la transportaba en una estanciero", remarcó. La escuela En cuanto a la escuela, era de madera y se encontraba a corta distancia de la pulpería. Cincuenta años atrás, concurrían a la misma uno 35 chicos. Actualmente al edificio lo utilizan los boy scouts de Larroque, debido a que dejó de funcionar hace algunos años por falta de alumnos.La construcción es en su totalidad de material y fue levantada por los colonos de la zona. En su momento se la conoció como la escuela N° 17. "La gente era respetuosa"Asimismo, Fiorotto aseguró que "la gente era respetuosa y no había mayores problemas o discusiones". Recordó que el Comisario del lugar redactó un bando en el que se especificaba que "había que entregar el arma al llegar"."Un tío mío al que jamás se le caía el cuchillo, llegaba y entregaba el mismo al bolichero y cuando se iba lo retiraba. Se tenía respeto por la autoridad, la ley escrita que no todos cumplen. Era costumbre y debe acotarse que el cuchillo era una herramienta de trabajo. Se andaba mucho a caballo, se utilizaba para cortar un tiento, una rienda, si se atracaba un estribo y otras tareas" indicó. El despacho de bebidasLos paisanos y colonos se juntaban a tomar la copa, jugar al truco, a las bochas o simplemente a charlar. Ramírez contó que lo más se consumía era la caña ombú y en el invierno ginebra. Los más viejos llegaban a la tarde a comprar carne y se quedaban 3 o 4 horas, tomando algo y "truqueando". La agriculturaHumberto Fiorotto, productor que pasó la barrera de los 60, rememoró sus inicios en la agricultura."Mis primeros pasos fueron en tractores viejos que eran a kerosén, mientras que mis padres trabajaron con arados tirados por caballos. Se trillaba con una máquina estática con motor a vapor. Mi padre cuando chico trabajo con una máquina a la cual se le retiraba la paja con un par de caballos, tarea que realizaban los gurises de 15 y 16 años. Fueron pasando etapas. Primero se trillaba, cortaba y ataba. Luego vinieron las corti y trilla. Se juntaban las bolsas con un tractor y acoplado. Venían los carros y posteriormente los camiones que llevaban las bolsas al pueblo. Después se comenzó a trabajar a granel, una historia más conocida", narró.
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