La querella por el valor de las cosas
Los precios de los productos de la panificación se van para arriba. ¿La culpa es la avaricia de los panaderos? ¿De los productores de trigo? ¿De los molineros? ¿O falla la política agropecuaria del Estado?En realidad el planteo sobre la responsabilidad de la remarcación de precios correspondería a una canasta más amplia de bienes y servicios, que impactan en el bolsillo de la gente.Es que la inflación tiene desde hace un tiempo preocupada a la población, que ve que con la misma cantidad de dinero compra cada vez menos. El programa oficial "Mirar para Cuidar", de vigilancia de precios, convalida la preocupación.La medida ya lleva implícita la adopción de un diagnóstico por parte del gobierno: la culpa de la carestía la tienen los comerciantes y empresarios, cuya codicia no tiene límite.De ahí que, por ejemplo, el ministro de Agricultura, Norberto Yauhar, haya apuntado hace poco contra las grandes cadenas de supermercados. "¡Son chorros, amigo!", disparó en una entrevista.Como sea, la imputación colisiona en teoría con la política de "precios administrados" de que se jacta la administración, que no cree en el "mercado", y más bien tiene una concepción estatista de la economía.El actual modelo, que hasta acá ha sido plebiscitado por la población, responde a una ideología según la cual la economía debe ser dirigida desde arriba, con el poder político decidiendo lo que debe producirse.¿Cómo se entiende que el valor de las cosas suba, entonces, si hay un control burocrático de las variables económicas, a través por ejemplo de la Secretaría de Comercio Interior?Una de dos: o los controles están fallando; o los controles en sí mismos no sirven, y agravan la situación, como postulan los que creen que a más intervencionismo más inflación.Esta querella se plantea a propósito del pan. La Secretaría de Comercio Interior decidió suspender las exportaciones de harina de trigo por la suba de precios y faltantes en los comercios en algunos lugares del país.La suba de la bolsa de harina, que pasó de 100 pesos a comienzo de año a 280 pesos en algunas provincias, ¿obedece acaso a movimientos especulativos de los empresarios privados del sector, que están dejando de abastecer el mercado interno, como presume el gobierno?La industria molinera, sin embargo, contesta que a ellos les cuesta conseguir el trigo, con el cual se hace la harina. ¿Y por qué no hay trigo? Pues porque fue la peor cosecha de la historia.Desde el campo aseguran que sembrar trigo no es negocio, y esto por la política intervencionista del comercio de granos (que regula la exportación). Ergo: el precio del pan aumentaría porque hay menor producción de trigo, producto de una mala política agropecuaria.Por otro lado, están los que creen que la vida es cara no por causa de la angurria de los empresarios, sino del emisionismo del gobierno, que fabrica billetes a un ritmo que supera el crecimiento del país, y esto para financiar el déficit de las cuentas públicas.Son los que creen que la inflación es básicamente un fenómeno monetario. Es decir, no es que las cosas aumenten sino que el valor del peso es lo que se reduce. Al desvalorizarse la moneda, por mucha emisión, cae entonces el poder de compra de la población.El debate sobre la formación de los precios es un capítulo de la ciencia económica. Y en Argentina, que debe lidiar hoy con la inflación, se ha convertido en una querella interminable.
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