La querella por la tierra: vigente desde la colonia
La cuestión del reparto de la tierra urbana y rural reaparece en iniciativas legislativas de distinta índole. Se trata, en realidad, de un problema que se remonta a la conquista española. Según trascendió se hallan en estudio en el Congreso algunos proyectos que procuran darle una solución al déficit de vivienda. Uno de ellos consiste en permitir la expropiación de tierra urbana.Se parte del diagnóstico de que muchas familias tienen dinero para construir, pero les falta la tierra. La idea es comprar parcelas rurales linderas a cascos urbanos.El problema de fondo que se pretende solucionar con la expropiación es el déficit habitacional, que según algunas estadísticas afecta a más de 3 millones de hogares, unas 9,7 millones de personas, al tiempo que 8 millones alquilan.En tanto, el gobierno promueve un proyecto de ley para limitar la extranjerización de la tierra. Aunque no hay cifras concretas, sectores ambientalistas estiman que cerca del 10% del territorio nacional fue adquirido por personas o fondos extranjeros.Para la Federación Agraria Argentina, son 20 millones las hectáreas en manos de firmas multinacionales. En realidad, el fenómeno del acaparamiento de tierras se viene dando en toda Latinoamérica.Esto tiene que ver con que la región se ha convertido en abastecedora de alimentos, energía y minerales para China y Asia, donde se ha reconfigurado el poder del capitalismo mundial.La querella por la tierra es antigua y empalma con el período colonial. Muchos historiadores consideran que el fundador de Gualeguaychú, Tomás de Rocamora, abordó aquí con valentía el problema de la tenencia de la tierra.Durante su reconocimiento del territorio, allá por el siglo XVIII, el entonces comisionado del virrey había observado que los pobladores de la zona no eran propietarios de las tierras que ocupaban, pertenecientes a grandes latifundistas.El progreso de la villa de Gualeguaychú colisionaba con la apetencia de la clase terrateniente. Los colonos que trabajaban y vivían en estos campos, por falta de títulos de propiedad y sin permiso, corrían riesgo de desalojo.Domingo Faustino Sarmiento tampoco soportaba los latifundios improductivos y la mala distribución de la tierra en amplias zonas del país. En su época (segunda mitad del siglo XIX) propuso una legislación de partición de la tierra y de colonización, que encontró fuerte resistencia en la oligarquía pampeana.El sanjuanino pertenecía a aquella elite liberal que buscó liquidar el régimen feudal, mediante una reforma que hiciera posible sembrar de granjas la pampa (modelo de desarrollo capitalista del agro, similar al de Estados Unidos).Una de sus ácidas críticas fue al sistema colonial español, que en su opinión consolidó una aristocracia de la tierra -representada en figuras como Juan Manuel de Rosas y los caudillos provinciales- que detenía la modernización de la Argentina.La historia de Latinoamérica está atravesada por el mismo problema: la propiedad de la tierra se concentra en unas pocas manos, dando como producto sociológico la configuración de una clase terrateniente, con capacidad para decidir sobre los destinos colectivos.No es casual que el movimiento agrario, aquí y en el resto de Hispanoamérica, a partir de la segunda mitad del siglo XIX, y con fuerza luego, exigiera la restitución de la tierra a los que la cultivaban.La restitución y el reparto de la tierra ha sido un programa que condensó la aspiración de muchas revoluciones en la región, durante el proceso político de independencia de sus países.
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