La rebaja de subsidios y el principio de realidad
Sigmund Freud describió la tensión entre la pulsión hedonista y aquella instancia mental que la sofrena. La figura acaso sirva como metáfora para explicar la rebaja de subsidios que encara el gobierno. La energía instintiva del Ello, según el fundador del psicoanálisis, está regida por el principio de placer. Allí residen las pulsiones básicas, sobre todo de carácter sexual.El Ello es egoísta. Demanda tiránicamente ser gratificado. Casi como un niño caprichoso, parece decir: "Todo, ya, para mí".Pero el aparato psíquico tiene otras instancias. El Super Yo, que es el amo moral del individuo; y el Yo, quien debe lidiar sobre todo con el Ello, cuya satisfacción debe regular.El Yo, que es propiamente el gobierno del individuo, se encuentra atrapado entre los controles morales del Super Yo, y los impulsos del Ello, al que le exige que busque su gratificación dentro de reglas socialmente aceptadas.Frente a la demanda egoísta y amoral del deseo, que tiende a la satisfacción irrefrenable, se alzan las restricciones yoicas, sujetas al principio de realidad.Freud nos viene a decir, por tanto, que las gratificaciones tienen un límite, que el placer colisiona en un punto con las dificultades del mundo real. En economía es igual: el gasto (tendencia del Ello) no puede ir más allá de cierto límite (función del Yo).Gracias a los millonarios subsidios (hoy representan 4 puntos del PBI), gran parte de la población ha "gozado" de servicios públicos baratos. Han sido la piedra de toque del consumo popular.Dentro del presupuesto nacional, figuran dentro del rubro "gasto". Por tanto, tienen una contrapartida fiscal. Es decir, se financian con recaudación o con inflación (monetaria).Visto en términos freudianos, una sociedad cuando gasta se gratifica, sensualmente hablando. Pero dicho movimiento halla resistencias. El gasto, de última, no es ilimitado, en un punto choca con la escasez de los recursos.¿Por qué el gobierno de Cristina Kirchner ha decidido desmontar el sistema de subsidios? ¿O por qué insinúa pasar de un esquema de subsidios "indiscriminados" a otro de subsidios "selectivos"?Hay razones para suponer que la medida está inspirada por el principio de realidad (en torno al cual funciona el Yo freudiano). Frente a la lógica del placer y el derroche, la sana administración de la economía proclama: "Lo posible, en su momento, para nosotros".Así como Freud creía que el "hombre civilizado" es producto del equilibrio entre las fuerzas psíquicas internas (Ello, Yo, Super Yo) una economía sana es reflejo de la armonía entre el consumo y el ahorro.Por alguna razón, el actual nivel de subsidios (que no es otra cosa que gasto público) pasó la barrera de lo aceptable. Y pondría en riesgo, al parecer, la salud de las cuentas públicas.Quienes conocieron a Néstor Kirchner aseguran que el ex mandatario era en economía un heterodoxo en muchas cosas, menos en una: hacía un culto del superávit fiscal (del cual decía, por otro lado, que daba "poder").Hace tiempo se viene diciendo que esta virtud del "modelo" se ha perdido. Si esto es así, la permanencia de los subsidios y su eventual expansión, era incompatible con dicho ideal superavitario.El placer asociado al consumo de servicios baratos parece haber entrado en su ocaso. Al menos para un sector de la sociedad -¿clase media?- al cual le llegará el incremento tarifario por la rebaja de subsidios.Es la lógica el Yo contra la del Ello. Es el principio de realidad que pretende gobernar las tendencias hedonistas. Es el momento de la postergación de las gratificaciones materiales, ante los límites que impone la escasez.El gobierno de Cristina Kirchner se habría percatado de que el principio del placer, abandonado a su propia lógica, puede ser peligroso para la autoafirmación del "modelo", cuya conservación debe primar.
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