La región ante un cambio de ciclo
Con el "impeachment" a Dilma Rousseff en Brasil se profundiza un cambio de ciclo histórico en la región, iniciado en noviembre del año pasado en Argentina, con el triunfo electoral de Mauricio Macri.Todavía no se sabe si el juicio político a Rousseff terminará de apartarla definitivamente de la presidencia del país más importante de Sudamérica. De momento, está suspendida del cargo por 180 días.Como sea, la mayoría de los analistas sostienen que es un punto de quiebre en la región. Se especula que se asiste al ocaso de 20 años de gobiernos progresistas en América del Sur.Dos grandes procesos que dieron forma e impulso a este proyecto, el petismo en Brasil y el kirchnerismo en Argentina, dejaron por lo pronto el poder político. En tanto que el chavismo en Venezuela, el otro miembro del club progresista, tambalea.En efecto, el sucesor de Hugo Chávez -quien murió en 2013- en el país caribeño, Nicolás Maduro, enfrenta una grave crisis económica y la oposición, quien controla el parlamento, impulsa un referéndum revocatorio para adelantar el fin de su gestión.Para los defensores de estos regímenes, su caída significa sin más el retorno de la "derecha neoliberal", con sus políticas de "ajuste" que atentan contra los "intereses de las clases populares".Para los detractores, se trata del retiro del "populismo", un nacionalismo que puede ser tanto de derecha como de izquierda, y que el ensayista mexicano Enrique Krauze describe como regímenes autoritarios concentrados en un jefe."Se trata de la fascinación con la figura carismática de un líder que propone la salvación, la redención o un cambio muy profundo en la sociedad atacando al no pueblo en nombre del pueblo", dice.Desde el punto de vista de la política exterior de la región, se cree que Brasil dará un giro de 180 grados, abandonando la estrategia antioccidental y anticapitalista del nacionalismo de izquierda, como ya lo hizo Argentina.¿Cómo explicar este giro? Están los que creen que el populismo o progresismo -como se lo quiera llamar- se quedó sin combustible económico. Y esto porque se asiste al fin de la era dorada de las materias primas (commodities), piedra de toque de las políticas basadas en subsidios.Esto se echa de ver sobre todo en Venezuela, un país dependiente de las exportaciones de petróleo, hoy afectado por el desplome del precio del crudo. De la misma manera, hace menos de cuatro años la economía de Brasil era la sexta mayor a nivel mundial, pero desde entonces su no ha dejado de retroceder.Sin embargo, las "derrotas" de los gobiernos progresistas obedecen a otras razones, según cree el ensayista mexicano Jorge G. Castañeda, para quien "demasiados líderes de izquierda de América Latina cayeron por la corrupción endémica de la región y subestimaron la creciente tolerancia hacia ello".Al respecto, aunque el juicio político a Rousseff no es específicamente por corrupción, sin embargo su gobierno y el Partido de los Trabajadores (PT) al que pertenece se han visto seriamente salpicados por la mega-corrupción de Petrobras.Otra línea interpretativa sugiere que el cambio de época que se registra en la región obedece al principio según el cual "tarde o temprano, la gente se cansa", en alusión a que la política, como la vida, gira en ciclos.En la parte ascendente del ciclo, la gente se "encanta" con los gobernantes recién venidos, quienes conocen una etapa gloriosa. Pero luego llega, inevitablemente, la hora del "desencanto" respecto de los líderes, que al perder el favor popular comienzan a comprender que son políticamente mortales.
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