La repatriación de los capitales argentinos
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Una expresión palmaria del histórico fracaso económico argentino es la ausencia de capitales para financiar su desarrollo. Pero no es que el dinero no exista. El problema es que se viene fugando del país. Acaba de conocerse que durante los 8 años de gestión de la ex presidenta Cristina Kirchner, el drenaje llegó a 82.000 millones de dólares. Y pese al cepo cambiario -diseñado en teoría para detener la fuga- resulta que en 2015 salió del país la friolera de 8.000 millones de dólares.A la luz de esta cifra se comprenden las penurias de hoy. Las reservas escasean en el Banco Central (BCRA), los dólares comerciales de las exportaciones son insuficientes, en tanto que el país no tiene acceso al mercado de deuda.La administración Macri se topó con la agudización de la falta de dólares, un mal que persigue desde siempre al país. "Restricción externa", así aluden los economistas al fenómeno.Para algunos de ellos se trata del problema central del desarrollo económico argentino. El problema de la falta de divisas data de 1810 y a lo largo de estos doscientos años marcó los avatares económicos de todos los gobiernos.El nuevo gobierno atacó la crisis externa con dos medidas. La primera consistió en levantar el cepo. Como explicó el ministro de Economía Alfonso Prat Gay, con el objeto de que "entren los dólares que están afuera, no para que se vayan".La otra medida apunta a cerrar un acuerdo con los holdouts, aunque todavía falta la aprobación del Congreso Nacional. La salida del default, tras 15 años de estar fuera del mercado de capitales internacionales, haría que el país pueda beneficiarse de préstamos externos baratos, al tiempo que posibilitaría el ingreso de inversiones internacionales.La filosofía del gobierno es que sin el concurso del capital no hay posibilidad de mejorar el nivel de vida en la Argentina, y es la única estrategia con que se cuenta para superar la actual "estanflación" (estancamiento con inflación).Según los economistas macristas, hay que pasar de un modelo consumista, de fuga de capitales y generador de pobreza a otro de inversión, atracción de capital y jerarquización del empleo.Pero esta estrategia choca con el inveterado modelo vernáculo, que alguien describió como "capitalismo sin capital". Argentina ha devenido con los años en un exportador neto de capitales.Nunca ha sido un país estable -ha vivido a los tumbos, de crisis en crisis- a causa de lo cual gran parte del ahorro de sus residentes se ha fugado. En esta constante histórica se explica la mentada "restricción externa".El cálculo oficial es que fuera del sistema financiero nacional los argentinos tienen más de 230.000 millones de dólares, la gran mayoría no declarado. Pero según el Centro de Economía y Finanzas para el Desarrollo de la Argentina, el dinero argentino en el exterior supera los 400.000 millones de dólares.La paradoja argentina es que mientras el país se debate ante la falta de capitales -expresión de lo cual es su sideral endeudamiento- al mismo tiempo es un poderoso expulsor de ahorro al exterior.Otro costado de esa paradoja es que todos los presidentes argentinos dedican sus viajes al exterior, justamente, a rogar a los inversores foráneos que inviertan en el país. La pregunta es, ¿llegará el día en que el cuantioso ahorro argentino depositado en el exterior, y que financia otras economías, vuelva al país para aplicarlo a su desarrollo?La repatriación de los capitales argentinos debe ser un objetivo central de la política económica.
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