Editorial |

La resurrección, la gran novedad del cristianismo

De las grandes religiones tradicionales, que son el judaísmo, el islamismo, el budismo y el cristianismo, solo ésta última postula que su fundador, Jesús de Nazaret, resucitó de entre los muertos. Hoy Domingo de Pascua justamente se celebra el paso de Jesús de la muerte a la vida, según consignan los evangelios canónicos. Aquí reside el principio central de la teología cristiana y forma parte del Credo de Nicea: “Al tercer día resucitó, conforme a las Escrituras”. Toda la Cuaresma se orienta así hacia la Pascua (que significa “pasar”), un episodio en el que se cifra el misterio de la Redención, alrededor del cual los cristianos asientan sus esperanzas. “Si no resucitó Cristo, es vacía nuestra predicación, y es vacía también vuestra fe”. Con esas palabras en una de sus cartas Pablo de Tarso, personalidad señera del cristianismo primitivo, da a entender la importancia decisiva de la pasión, muerte y resurrección de Jesús. En el relato del Nuevo Testamento, luego de haber sido depositado en un sepulcro, Jesús se apareció a muchas personas en un lapso de cuarenta días antes de ascender al cielo, para sentarse a la diestra de Dios padre. El judaísmo tradicional, que postula que Jesús sólo fue un rabino, no tiene una posición única sobre el más allá. Aunque hay pasajes del Antiguo Testamento –que lleva el nombre de Torá para los judíos- donde se habla de que todo ser humano se levantará de entre los muertos, es en el Nuevo Testamento donde la doctrina de la resurrección se ve con más claridad. En este último libro, en el que se relatan los hechos relativos a la vida y ministerio de Jesús de Nazaret, se enseña que no sólo predicó esta doctrina, sino que él mismo resucitó corporalmente de la tumba. La resurrección significa resurgir, volver a la vida. La fe cristiana, que se asienta en que “Jesús venció  a la muerte”, promete a sus creyentes idéntico destino, en el día del Juicio Final en el cual se decidirá quienes se irán al cielo y quiénes serán condenados al infierno. Los teólogos cristianos distinguen radicalmente la resurrección de la doctrina espiritista de la “reencarnación”, muy extendida hoy en los círculos teosóficos o en el movimiento conocido como Nueva Era. La doctrina de la reencarnación apareció en la India y postula que el alma sobrevive a la muerte y posteriormente vuelve a entrar en otro ser vivo que puede ser vegetal, animal o humano. De acuerdo a esta creencia, el alma de la persona humana se halla sometida a un proceso evolutivo a través del tiempo y del espacio (karma) que se realiza mediante sucesivas reencarnaciones que tendrían como objetivo final la autodivinización. Pero esta visión es incompatible con lo que enseña el Nuevo Testamento, aseguran los teólogos cristianos, quienes sostienes que después de la muerte no se regresa a otra vida en la tierra. No es cierto, dicen, que los cuerpos serán reciclados o perderán su identidad absorbiéndose en el cosmos. La doctrina cristiana sobre la resurrección se encuentra en el Catecismo de la Iglesia Católica. Allí se lee: “Creemos firmemente, y así lo esperamos, que del mismo modo que Cristo ha resucitado verdaderamente de entre los muertos, y que vive para siempre, igualmente los justos después de su muerte vivirán para siempre con Cristo resucitado y que Él los resucitará en el último día. Como la suya, nuestra resurrección será obra de la Santísima Trinidad”.      

Dejá tu comentario