La riqueza de la Argentina, ¿un mito?
Los argentinos hemos sido educados en la creencia de que vivimos en un país rico. Pero la insatisfacción material en la que vivimos es discrepante con esa idea, que acaso sea errónea. De hecho en el mundo el caso argentino despierta perplejidad entre los observadores, muchos de los cuales se preguntan por qué razón este país sudamericano -"condenado al éxito", al decir de un político criollo- no alcanzó un desarrollo parecido al de Canadá, Suecia o Alemania.El periódico francés Le Monde, con orientación ideológica de izquierda, publicó hace poco una nota donde repite el diagnóstico según el cual la Argentina desentona por su involución, sugiriendo un milagro económico al revés (de rico pasó a pobre).El artículo, titulado "Lecciones argentinas", afirma que nuestro país es "un caso único en el mundo" por su éxito inicial y posterior declive. Fue "la primera potencia agrícola" y polo "estrella" de los capitales e inmigrantes, convirtiéndose en la "novena economía más grande" del globo."Argentina tuvo el mismo nivel de vida que Francia entre 1900 y 1950", rememora la nota, y señala que su producto interno bruto (PIB) per cápita figuraba en el puesto 12 en el ranking mundial, justo por delante de la nación gala. Ese lugar contrasta con su posición actual, que se encuentra 62, en base a dólares corrientes, o 69, en términos de poder adquisitivo.Para el autor del editorial, el economista Jean-Pierre Petit, presidente de Les Cahiers Verts de l'Economie, la responsable del declive argentino es su elite dirigente, quien así habría desertado de su misión de conducir al país al desarrollo."El descenso paulatino a los infiernos de Argentina por casi setenta años recuerda que las diferencias de rendimiento entre las naciones se deben principalmente a las diferencias en materia de gobernanza, más que a la dotación de recursos naturales", afirma el economista.Con este diagnóstico, el autor castiga con severidad a la dirigencia política criolla, a la que acusa de asentarse en "mitos" y "negar la realidad", y cuyo "carácter suicida, en última instancia" le impide "adaptarse al mundo exterior".El artículo del francés, como otros de su tipo, instala la discusión acerca de qué hace rico a un país. Al respecto hay abundantes teorías sobre por qué ciertas naciones superan la pobreza con tanta facilidad mientras que otras permanecen estancadas o en retroceso.Algunas se centran en el clima y la topografía del territorio, dos factores que pueden dificultar el desarrollo agrícola o el minero. Otras tienen en cuenta factores culturales o hacen foco en las instituciones políticas y sociales.Jean-Pierre Petit parece suscribir la tesis de que el éxito material de un país finca en su cultura política. La cuestión, en cualquier caso, vuelve otra vez: ¿acaso la riqueza argentina es un mito?Están quienes piensan que la Argentina fue rica mientras prevaleció el concepto de que la riqueza depende de las ventajas comparativas de las naciones.Se trata de un criterio en última instancia "físico", asociado a la fertilidad de la pampa húmeda. Y que actualmente se reactualiza con "Vaca Muerta", el hiper-yacimiento de combustibles que alimenta la fantasía vernácula de ser la "potencia energética mundial".Pero algo revolucionario habría ocurrido en el mundo actual: la riqueza ya no tiene que ver con un inventario físico, sino con una capacidad cultural, de innovación tecnológica y empresaria, que hace que un país compita con otros.
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