La secundaria en el banquillo, ¿qué hacer?
Si terminar el secundario en la Argentina no acredita precisamente conocimiento -y esto lo sabe más que nadie la Universidad- que menos de la mitad de los alumnos no concluya el ciclo, agrava el cuadro de la ignorancia.El secundario argentino es un sistema reprobado. Quienes egresan de él se muestran incapaces para resolver problemas sencillos de matemáticas.Los estudiantes que concurren a la universidad, en tanto, tienen gravísimos problemas para comprender los textos que deben leer y también para expresarse a través de la escritura.Se entiende, por tanto, porqué en las competencias internacionales de ciencia los alumnos argentinos tienen un bajísimo nivel. Todas las mediciones reflejan rendimientos mediocres.Por otro lado, el diploma de la educación secundaria, si en alguna época acreditaba competencia laboral, y abría puertas en el mercado a sus egresados, hoy se revela insuficiente en este plano.Cuánto aprenden realmente nuestros jóvenes en el secundario es un tópico que se viene debatiendo desde hace tiempo. Pero si el modelo se muestra insolvente en términos de calidad, la deserción es otro problema.Argentina tiene uno de los índices más bajos en América Latina con relación a la cantidad de estudiantes que egresan del secundario. Sólo el 43% completa el ciclo, según un informe publicado por el Instituto Di Tella.Esto posiciona al país en uno de los puestos más bajos en América Latina, por debajo de Bolivia, Paraguay y Ecuador. Los mejor ubicados son Perú y Chile, que cuentan con un 70% de estudiantes que completan el ciclo.¿Qué hacer con la secundaria? Esta es la pregunta que se vienen haciendo en los congresos pedagógicos, mientras que las reformas oficiales se suceden una tras otra, sin que se vean mejoras reales.Entre las propuestas que existen, el intelectual Gustavo Iaies, director del Centro de Estudios en Políticas Públicas (CEPP), propone otra organización del secundario argentino, sobre la base del "sistema Maryland" (Estados Unidos).El nuevo esquema implicaría bajar el número de materias de entre 11 y 18 por semana, como existen en el país, a sólo 7 u 8, con el objeto de profundizar conocimiento.El planteo acaso da cuenta de aquel axioma de que "el que mucho abarca poco aprieta". Iaies es de la idea de que se dicten Matemáticas, Lengua, Ciencias Naturales, Ciencias Sociales, Informática, Arte y Educación Física.En el sistema Maryland cada una de estas materias está dividida a su vez en estratos (A, B, C y D), para que los alumnos acudan a clases de acuerdo a su nivel. Pueden cursar una asignatura en nivel A y otra en B.Pero para que el sistema funcione, explicó Iaies a la prensa, es necesario hacer eje en el docente. "El aula no es de los chicos, es del profesor. Los chicos van siempre a su aula. Ahí hay una ecuación de poder que te dice claramente: 'aquí hay un señor profesor que es el que sabe y vos vas a su aula a aprender'".Con este sistema, según Iaies, se enfrenta el problema del "zapping curricular", ya que al simplificar la cantidad de materias, se gana en profundidad conocimiento. Y se elimina también el "zapping de profesores", que van pasando unos tras otro por el aula.Según el intelectual, la profusión de materias atenta contra el interés de los estudiantes, ya que éstos no terminan de apropiarse de ellas. La asimilación corre pareja con el mayor tiempo dedicado a pocas materias básicas.En suma, el sistema Maryland no es la única propuesta; hay otras. Una cosa es cierta: algo hay que hacer para salir de la decadencia del secundario.
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