La seducción de la opinión pública
En un año electoral, como el que se vive en Argentina, la lucha política se libra en el terreno de la opinión pública. La seducción del votante, cuyo favor se solicita, marca este particular tiempo. "El rey que pierde el apoyo de su pueblo deja de serlo". De esta manera Aristóteles, dos mil años atrás, ya postulaba que sin el consentimiento de los gobernados el poder se disuelve.Es decir, se deja de ser rey, de ser dictador, de ser gobernante. El filósofo inglés David Hume, en el siglo XVIII, dijo algo parecido cuando afirmó: "El gobierno se basa en la opinión".El padre de la ciencia política moderna, Nicolás Maquiavelo, en sus consejos al Príncipe, pondera la reputación y la estimación del vulgo para adquirir el poder.Sostiene que debe aparecer ante los demás con la mejor imagen posible: "Procure, pues, un príncipe conservar y mantener el Estado; los medios que emplee serán siempre considerados honrosos y alabados por todos; porque el vulgo se deja siempre engañar por las apariencias".La especialista en el tema, Elisabeth Noelle-Neumann, afirma que aquí reside todo el secreto para cualquier aspirante a tomar las riendas del Estado."Mi experiencia profesional -argumenta- me inclina a creer que los políticos de éxito tienen una notable capacidad para juzgar la opinión pública sin recurrir a las encuestas".¿Cuál es el mejor instrumento para influir sobre la opinión de la sociedad? Hay quienes piensan que la partida se decide en los medios de comunicación (diarios, radios, televisión, etc.).Desde esta postura se afirma que los votantes cada vez tienen menos capacidad de organizar un pensamiento propio y entonces son proclives a asumir percepciones sustitutivas, inducidas por los medios.Otros, sin embargo, descreen de este diagnóstico y aseguran que la gente toma una posición y es "selectiva" cuando consume los contenidos de los medios. Es decir, generalmente selecciona, escucha posiciones que tienen que ver con lo que piensa y difícilmente cambia de opinión.La tesis sería la siguiente: el votante consume el relato que quiere escuchar. O en otros términos: encuentra en los medios (oficialistas o críticos) lo que confirma su lectura de la realidad.Por otro lado, como las sociedades han cambiado también lo ha hecho la opinión pública. En Argentina, y en otros lugares del mundo, los partidos políticos, que antes monopolizaban la representación política, han desaparecido virtualmente.Los politólogos llaman la atención sobre que la política está absolutamente personalizada, en el sentido de que se siguen personas, devenidas en candidatos.La opinión pública, por tanto, es más voluble y el elector de las nuevas generaciones, que ya no es leal a estructuras partidarias, tiene una identidad política e ideológica inestable.Esto ha obligado a los políticos a ser más creativos para seducir a los votantes. La mayoría subordina su actuación y discursos, en tiempos de elecciones, a campañas de marketing que diseñan sus asesores.Pero otros piensan que este tacticismo, que lleva a los candidatos a maniobras de oportunismo (por ejemplo callar lo que verdaderamente sabe o piensa), es algo antiguo.El sociólogo Manuel Mora y Araujo recuerda al respecto los consejos que recibió Cicerón de su hermano Quinto antes de las elecciones que lo llevaron al consulado de Roma (siglo I aC.).Uno de ellos decía: "Tres cosas en concreto conducen a los hombres a mostrar una buena disposición y a dar su apoyo en las elecciones, a saber, los beneficios, las expectativas y la simpatía sincera".
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