La sequía castiga el sur de Buenos Aires
La geografía cambió abruptamente en el sur de Buenos Aires. El viento y la falta de agua, producen voladuras en los campos como destacan los propietarios de los mismos. Las pérdidas son millonarias. La burocracia y desidia gubernamental quedaron al desnudo en su peor expresión.Por Fabián Miró
A cien kilómetros de la populosa Bahía Blanca se encuentra la pequeña localidad de Algarrobo. Un típico pueblo rural de la provincia de Buenos Aires que suma 1.800 habitantes. Un pueblo que se encuentra próximo a cumplir cien años, pero sus habitantes no encuentran motivo alguno para festejar el centenario. Las últimas tres cosechas de trigo fracasaron y comenzó un proceso de desertificación notorio que se aprecia con el solo hecho de recorrer los campos de la zona. A unos cuarenta kilómetros de Algarrobo, el viento se hace sentir. Mueve el auto en la ruta y la visibilidad en pleno día se complica por los remolinos de arena que levanta el viento, llevando consigo la capa fértil de suelo. La señalización es pobre en la ruta. Y esto complica llegar a la localidad de Algarrobo. Una vez en el acceso al mismo la visibilidad empeora. El reloj marca las seis de la tarde del domingo 22 de noviembre. A unos quinientos metros, se divisa entre el viento la arena que golpea con fuerza un establecimiento agropecuario. Lo separa de la entrada al pueblo un potrero que no tiene una sola mata de pasto. Del otro lado un trigo muy raleado que nadie levantará. Como en una película filmada en un desierto, desciende de una camioneta Alberto Villaverde, vecino de la zona. Lo hace protegiéndose del fuerte viento y con un tono de voz elevado. Si, a los gritos para hacerse entender. Es así que emprendimos en su camioneta un corto viaje. No más de cinco kilómetros hasta llegar a un campo profundamente castigado por la sequía, previo tener que colocar la baja para poder atravesar montículos de arena que se acumulan en el camino. A lo lejos se ven un pocos animales en la búsqueda de algo que comer, mientras el viento les castiga los garrones. La arena sigue castigando la zona con la ayuda de un viento impiadosa que voltea al más curtido y las dunas a formar parte del paisaje. Arena, viento, suelo estéril, algún que otro caldén el paisaje en Algarrobo. Arena que amenaza con cortar caminos, y hasta enterrar aguadas, corrales silos y casas. El panorama es similar al de Stroder camino a Cármen de Patagones. Campos que supieron estar abarrotados de animales, hoy se encuentran en pleno proceso de desertificación. La situación es desesperante. No se puede vivir en el campo y los chacareros optaron en un número importante por colocarle un candado a la tranquera y emigrar a pueblos y ciudades. Donde tiempo atrás, se apreciaban campos llenos de animales y trigales, hoy se observa un suelo duro, estéril y lleno de dunas que se forman en los lugares con vegetación. Hay momentos en que no se ve a 10 metros de distancia y por más que se saque la arena con maquinaria, el accionar de la naturaleza, provoca que esa arena vuelva acompañada de fuertes ráfagas de viento.
Números
La zona supo tener unas 200.000 cabezas. Hoy el rodeo ha bajado en un 40%. Y los que quedan, se debe a que sus dueños, no se resignan a malvender el ganado. Esto a costa de tener que comprar forraje y granos para mantener los ejemplares en pie y en una buena condición corporal. Unos 250 propietarios bajaron la persiana y consecuencia de esto, 120 peones rurales se quedaron sin trabajo. Y en lo que se refiere a los dueños de los campos, muchos vendieron la totalidad de la hacienda y hoy día no tienen un peso cortado al medio. Les queda malvender la camioneta para seguir tirando y comprar a cuenta, gracias a los comerciantes del pueblo que también están preocupados, angustiados. La explicación es sencilla. El motor de pueblos chacareros, tiene como combustible lo que aporta la producción y en la zona todo gira en torno a lo rural. Un porcentaje mayoritario de ganaderos y uno menor que se dedica a la agricultura.
Ayuda
Jorge Veremencick (40 años) secretario de la Cooperativa de Industria y Ahorro reclamó ayuda de los distintos gobiernos (provincial y nacional) "Nos tienen que otorgar subsidios razonables, no $600 para comprar forraje que luego tenemos que rendir. Necesitamos los 10 mil pesos que se está remitiendo a los pequeños y medianos productores de Stroeder" La burocracia y la desidia en persona. Parece que tienen menos derechos, aquellos que viven lejos de los centros urbanos y no representan un caudal importante de votos.
Cuestión de colores
"Las autoridades de Algarrobo y pueblos de la zona, no son afines con el gobierno nacional y parece que esto resulta ser un pecado "afirmó un productor visiblemente ofuscado
La media
El promedio por año de entre 500 y 600 milímetros y en lo que va del año "llovió apenas 105 milímetro en mi campo" expresó un campesino. El déficit hídrico es importante, provocando esto que desaparezca la cobertura vegetal y la postal de campos con forraje, repletos de animales se transformara en un desierto.Alberto Villaverde, productor de Algarrobo y con campos en Puan, destacó que están atravesando "una situación Terminal y en mi caso llevo alimentando a las vacas de cría por espacio de un año y medio, dándoles granos para que subsistan".Es la única categoría que le queda "a las otra, las perdí todas "señaló para mantener a las vacas que no superan las 150. El productor se quejó de la falta de rentabilidad "la carne no tiene el valor que debería" subrayó. Se cortó la exportación y ahí "empezaron los problemas que ahora se agravan con esta sequía sin precedentes"Villaverde indicó que se ha perdido la mayor parte del rodeo "Se han vendido o muerto madres, debido a que esta es la categoría que mas sufre". Recordó que "el invierno pasado se comercializaron vacas a $300".Oscar Blanco (48) se autodefine como un ex productor "Ya no tengo mas vacas. Tuve que venderlas. Me quedé sin dinero para comprar alimentos, los bancos me cerraron los grifos. La Banca te da carretillas de dinero, cuando se tiene el campo limpio, pero en esta situación, ni una monedas". Blanco vendió su hacienda a $250 a barrer y ahora lo único que le queda "es de que cambie el clima.Culpa del clima en la escuela rural a la que concurría Blanco de pequeño en Puan, tuvo que dejar de dictar clases "era imposible concurrir, no se puede llegar de manera alguna por las dunas que se han conformado".
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