La siesta empezó a ser un reclamo laboral
La antiquísima costumbre provinciana de "tomarse una siesta" es vista en el mundo desarrollado como un beneficio para la salud. En Alemania, de hecho, lo quieren imponer dentro de las empresas.Los sindicatos germanos piden que a los trabajadores se les reconozca el derecho a dormir siesta durante la jornada laboral por sus beneficios para la salud."Una siesta corta reduce los riesgos de un ataque cardíaco y aporta un impulso de energía", argumentó Annelie Buntenbach, de la Federación Sindical de Alemania.En ese país, empresas como Basf, Opel, y Lufthansa ya tienen habitaciones espaciales para la siesta. Contar con espacios en las empresas para dormir después de almorzar es muy común en Japón, según cuenta la periodista de Clarín Valeria Román."La tendencia fue ganando terreno en EE.UU.: el 16% cuenta con espacios específicos para dormir dentro de su lugar de trabajo, según la Fundación Nacional del Sueño", informó.El consejo de la ciencia y de la medicina, respecto de que la siesta mejora el rendimiento en el trabajo y reduce la posibilidad de cometer errores y sufrir accidentes, estaría prendiendo en los ambientes laborales de todo el mundo.Un estudio de la Nasa identificó que la siesta de 26 minutos mejoraba el rendimiento en el 34% de los pilotos y astronautas investigados. Al mismo tiempo, el nivel de alerta aumentaba en el 54% de los casos.En Francia, el Ministerio de Salud decidió alentar la siesta porque el 56% de los franceses se quejaban porque dormía mal por la noche y notaba que luego no rendía en el trabajo.Por otro lado, hoy en la Capital Federal y en otras ciudades del mundo se expanden los "siestarios", espacios especialmente diseñados para relajarse después del mediodía y tomarse una siesta reparadora.En Argentina la costumbre de la siesta es antigua. En los manuales de historia, en el capítulo referido al ocio en la Buenos Aires de 1810, se suele hacer referencia a la descripción que un viajero francés hizo de la Gran Aldea."En las calles de Buenos Aires no se ven, en las horas de la siesta más que médicos y perros", decía el observador. La conclusión era que el pasatiempo preferido de los porteños era dormir la siesta.Además, a propósito de este dato de la vida cotidiana, doscientos años atrás, los historiadores coinciden en que en esa época y lugar tampoco había mucho que hacer.Al parecer, esta costumbre criolla empezó a declinar al ritmo del crecimiento de la gran urbe cosmopolita, centrada en el puerto, cuyo frenesí imponía otro estilo de vida (horas corridas de trabajo), quedando la siesta como patrimonio provinciano.Si Buenos Aires era la modernidad, y el porteño el típico citadino, el interior del país representó a la sociedad tradicional, cuyos habitantes mataban el tiempo durmiendo por la tarde.Aunque el país ha cambiado en todos estos años, y el interior ha dejado de ser ese enclave detenido en el tiempo, persiste en él la siesta como algo habitual. No pocos porteños miran hoy esta costumbre burlonamente, insinuando que detrás de ella se esconde la haraganería.Pero resulta que vivimos tiempos pos-modernos, uno de cuyos rasgos es la impugnación del ritmo estresante de la jungla de la gran ciudad y una búsqueda de una vida más saludable.La medicina ha descubierto de que hay una necesidad fisiológica del organismo de dormir después del mediodía, para recuperar energía y evitar ataques cardíacos.Se comprende entonces que la siesta sea una tendencia global, y que los sindicatos del primer mundo la reclamen como un derecho laboral.
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