La simulación de lo real es más seductora
El mundo en que vivimos ha sido reemplazado por un mundo copiado, una construcción artificial siempre más confortable, un síntoma de la cultura urbana y posmoderna.En el mundo de la filosofía y la semiótica se ha catalogado este efecto casi hipnótico sobre la conciencia como "hiperrealismo", un concepto que sugiere el reemplazo de lo real por su copia.La hiperrealidad es un artificio en el cual se presenta una realidad más real que ella misma pero además más atractiva. Verdad y falsedad, por tanto, serían categorías desbancadas por este dispositivo.Vivimos inmersos en un entorno en el cual la conciencia, tan moldeada y filtrada por dispositivos de mediación tecnológicos, le cuesta distinguir la realidad de la fantasía.Esto lo vio el filósofo postmoderno Jean Baudrillard para quien ya la televisión, como agente de ese entorno mediático, tenía la capacidad de crear una nueva realidad mediante simulacros simbólicos."El hiperrealismo de la simulación -decía- expresa en todas partes por la impresionante semejanza de lo real a sí mismo". Es decir, la simulación de lo real acaba siendo, de forma paradójica, más real que lo real.El mundo mediático, explotando la inocencia del ojo humano, habría llegado a configurar una construcción artificial del mundo mucho más atractiva, aunque al precio de producir el "asesinato de la realidad".Es el triunfo del signo sobre la cosa designada, de la representación sobre el referente, de la interpretación sobre los hechos, de la ficción sobre lo verídico, de la mediación sobre la experiencia inmediata, de la copia sobre el original.Ejemplo de hiperrealismo es la foto de una modelo que se "retoca" con ayuda de una computadora antes de ser publicada en una revista, o el perfil que el usuario de las redes sociales (como Facebook) construye de sí mismo.Nos remiten al hiperrealismo las relaciones amorosas creadas y mantenidas exclusivamente a través de Internet, o la vivencia erótica que suplanta al sexo real por la narrativa hiperrealista del cine pornográfico.Viven en el hiperrealismo los chicos conectados 24 horas a los diversos dispositivos a los que tienen acceso: smartphones, tablets, smartTVs, consolas de videosjuegos, entre otros.El mercado de videojuegos pone en jaque la definición de la realidad como término opuesto a la virtualidad. Aquí la realidad simulada es más real y atractiva.En efecto, se disparan armas y se puede sentir la vibración del tiro, advertir su potencia o percibir el impacto de la bala. Los autos de carrera se manejan con pedalera y volante, y circulan por paisajes que nada tienen que envidiar a los reales.Además, el chico toma clara conciencia de que su auto ha chocado porque la carrocería del vehículo "realmente" tiembla, no sólo a nivel visual sino táctil. Por otro lado, en los videojuegos es posible bañar a un perro "virtual" gesticulando la acción frente a una cámara, acariciarlo y hasta hacerle hacer trucos.Hiperrealista es la holofonía, es decir el sonido 3D, que nos transporta auditivamente a un lugar como si realmente estuviésemos ahí. Se diría que el mecanismo de "puesta en escena" se ha extendido a todos los planos culturales, sociales y políticos.El pensador francés Guy Debord habló al respecto de la sociedad del espectáculo y su poder de seducción. Para él, el espectáculo no es un suplemento del mundo real, su decoración añadida, sino que "es el corazón del irrealismo de la sociedad real".
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