La sociedad no presenta un carácter monolítico
¿Por qué frente a determinados eventos o a cuestiones políticas no hay una reacción colectiva en el mismo sentido? A veces se olvida que en las sociedades conviven múltiples y plurales visiones de la realidad.A alguna gente le podrá resultar intolerable, por caso, lo que hace y dice el gobierno. A otra, en cambio, le parece que eso está bien para el país. Mientras que no falta el grupo que se revela simplemente apático.Las personas juzgan de distintas maneras las situaciones de la vida. Los criterios valorativos con los que miden la realidad son producto de una amalgama de cosas.Allí confluyen intereses materiales, la biografía individual y familiar, la ideología del medio social en el que se educó, su nivel cultural, las experiencias propias y ajenas.Algunos actúan de acuerdo con sus hábitos en lugar de examinar si su comportamiento se ajusta a determinado concepto axiológico.Están las personas que actúan bajo la influencia de juicios morales y de valor. Son Incluso capaces de renunciar a beneficios personales si creen que eso los aparta de lo que consideran "correcto".Pero el concepto de la moralidad varía según los sujetos. Y esto hace que una misma conducta pueda evaluarse, según diferentes personas, corrupta o virtuosa.Hay quienes hacen cosas basándose en lo que han visto hacer, no en su propia capacidad de juicio. Así, son propensos a actuar y pensar como lo hace la mayoría.Otros individuos sólo se guían por el egoísmo. Así actúan, creía Adam Smith, todos aquellos que se vinculan con el dinero y los negocios."No es la benevolencia del carnicero, el cervecero o el panadero que esperamos nuestra comida, sino de su atención a sus intereses. Apelamos, no a su humanidad, sino a su amor propio, y en lugar de hablarles de sus necesidades, hablamos de su negocio", escribió el padre del liberalismo económico.Las condiciones materiales de existencia, decía por su lado Carlos Marx, determinan la conciencia ideológica. Es decir, no es lo mismo mirar la realidad desde la abundancia y el lujo, que desde la miseria más espantosa.No es lo mismo participar de las bondades del poder político o económico, que estar en el llano. En este sentido, las doctrinas no suelen ser sino la justificación a posteriori de intereses económicos existenciales individuales o grupales.El sociólogo Eduardo Fidanza relató una anécdota que explica cómo alguna gente, erróneamente, proyecta sus criterios axiológicos al resto de la sociedad, como si ésta fuese algo monolítico.Contó que un señor lo paró en la calle para preguntarle, al borde de la angustia, por qué la sociedad no reaccionaba ante la marcha errática del país, según su juicio.Fidanza resumió: "Es que no hay 'una' sociedad, señor; lo que existe son muchos segmentos, diferenciados por el nivel de educación, la edad, el lugar de residencia de las personas. Lo que a usted le cae mal a otros no les molesta e incluso les parece bien, lo aceptan".Es decir, hay mucha gente que valora otras cosas, y el álgebra de su felicidad sintoniza con la política que instrumenta el gobierno.Al teorizar sobre el punto, el sociólogo explicó: "Con frecuencia, los individuos, moldeados por sus experiencias y el sentido común, interpretan la esfera pública en términos sencillos, generalizando, omitiendo los matices, considerando irracionales a los que no piensan como ellos".Por otro lado, los fanáticos políticos, los que quieren que la sociedad piense como ellos, y buscan instaurar el "pensamiento único", también suelen olvidar que la sociedad en realidad es un archipiélago de muchas islas.
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