Editorial |

La sociedad perfecta, ¿un sueño imposible?

¿Hubo acaso una época rebosante de paz, equidad, felicidad y prosperidad para todo hombre, mujer y niño? ¿Dónde existe, en la actualidad, una sociedad donde se colmen todas las aspiraciones humanas? El término “utopía” para describir un mundo perfecto se le debe a Tomás Moro. En 1518, Moro escribió una novela en la cual retrataba una sociedad nueva y fantástica, libre de problemas. Ubicó esta sociedad aparentemente perfecta en una isla y le dio el nombre de “Utopía”. Desde entonces, “utopía” se ha convertido en un término que representa algo maravilloso pero irrealizable. En griego utopía significa “ningún lugar” (“ou” equivale a “no” y “topos” significa “lugar”). El término, por tanto, sugiere que estamos ante una proyección imaginaria de la mente humana. ¿Es que acaso no existió, ni habrá nunca, un lugar donde los hombres vivan todos en armonía, con paz verdadera, sin preocupaciones, tensiones ni penas? La experiencia, por lo pronto, da cuenta que ese ciudad ideal es apenas un sueño, una quimera que ha acompañado al hombre histórico. ¿Pero qué se puede decir de los países nórdicos, que en los últimos años se han convertido en la postal perfecta de la modernidad? Parecen reunir la perfección: sistemas educativos ejemplares, top 10 en los rankings de felicidad, igualdad de género y progreso social. Sin embargo, están los aguafiestas que nos anotician que el modelo nórdico tiene un lado oscuro e inquietante. Es el caso del periodista inglés Michael Booth, que hace poco público “Gente casi perfecta. El mito de la utopía escandinava”. Booth ha vivido entre los escandinavos durante más de diez años y ha ido sintiéndose cada vez más frustrado ante la visión color de rosa de esta parte del mundo ofrecida por los medios occidentales. La imagen que devuelve su libro desmonta la creencia global según la cual las naciones nórdicas son un paraíso social. Allí, por ejemplo, se dice que Islandia es uno de los países que más consume antidepresivos, en tanto que en Suecia la soledad es casi una epidemia. En Finlandia la violencia doméstica es la contracara de sus grandes avances de igualdad de género, en Noruega el consumo de heroína es preocupante, y Dinamarca se está tornando cada vez más intolerante, ya que la xenofobia crece a la par que lo hace el partido de ultraderecha. “Estos países son deslumbrantes en muchos aspectos. Es difícil ver más allá de toda la 'felicidad', la riqueza, la apertura y la democracia. Además creo que a la gente le gusta creer que hay una utopía maravillosa en algún lugar del mundo, y durante los últimos diez años, ese lugar ha sido Escandinavia”, resume Booth, en diálogo con la prensa. Los resultados del socialismo sueco son paradójicos. Los suecos inventaron un Estado providente que se hace cargo de todas las necesidades del individuo.  Así, un país de 9,9 millones de habitantes, es conocido en todo el mundo por su modelo de bienestar. Sin embargo, el 40% de los suecos se siente solo, según un estudio de la Cruz Roja. ¿Cómo se concilia el socialismo con el sentimiento de soledad? La otra paradoja es Islandia. El país aparece como el cuarto más feliz del mundo en el último ranking de la ONU, pero resulta que esta isla de 334.000 habitantes encabeza el ranking de antidepresivos por habitante. La pregunta se impone: ¿No será que toda sociedad es parcialmente alienante, en el sentido de que es incapaz de satisfacer todos los deseos de los individuos, que siempre lucen ilimitados e incolmables?

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