La sociedad vota y decide su destino
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El acto comicial de hoy es otro momento en el cual el 'demos' ejerce su poder eligiendo a quienes han de representarlo en el Estado, y de esta manera opta por una determinada orientación de los asuntos de interés general.Desde 2009 el proceso electoral tiene dos etapas. Una de selección de candidatos y otra de elección propiamente dicha. Este domingo tiene lugar la fase de selección: las PASO, un mecanismo que institucionaliza las viejas internas (antes dejadas al arbitrio de los partidos), con vistas a las elecciones legislativas de octubre.El esquema fue diseñado, en teoría, para mitigar la "crisis de representatividad" que aqueja al sistema político, en virtud de una supuesta distancia entre los intereses de la clase política y el hombre de la calle.En la democracia la 'soberanía' reside en el pueblo (demos), y aquí funda su legitimidad. Pero una cosa es la titularidad del poder y otra su ejercicio. Por eso se creó un sistema por el cual se elige a un grupo de personas para que gobierne el Estado 'en nombre' del pueblo.La llamada 'democracia representativa', consagrada por la Constitución Argentina, consiste en que el demos no decide propiamente -cuál será la solución de los problemas a resolver- sino que se limita a elegir a quienes lo harán por él.El sistema determina el modo y la cantidad de poder que se transfiere desde la sociedad como base hasta el vértice del sistema potestatario. Los funcionarios y los legisladores electos, por tanto, expresan la opinión y el deseo de la sociedad.La sociedad argentina, siempre rápida en echarle la culpa a los otros cuando las cosas no andan bien, en especial a los gobernantes y políticos, suele olvidar así que es imposible que los representantes del Estado, en un sistema de democracia representativa, sean muy diferentes a como es ella.La queja de que los males de la sociedad se deben a la incompetencia de los que deciden, no suele tomar en cuenta que quienes conducen los destinos del Estado fueron puestos allí, gracias al voto popular, por los mismos ciudadanos.Al respecto el escritor estadounidense Elbert Hubbard (1856-1915) decía: "La democracia tiene por lo menos un mérito, y es que un miembro del Parlamento no puede ser más incompetente que aquellos que le han votado".Los representantes del Estado, surgidos de elecciones libres, reflejan la moral y el nivel intelectual de los electores de un país. Se ha entendido siempre, por tanto, que todo progreso de la democracia ha dependido de la sabiduría de sus ciudadanos.Esta realidad hacía decir al escritor George Bernard Shaw que "la democracia es el proceso que garantiza que no seamos gobernados mejor de lo que nos merecemos". El sufragio, en este sentido, al expresar preferencias políticas, expresa también los valores y cultura de una sociedad.Por lo demás, a esta altura de la civilización nadie pretende que la democracia sea perfecta o totalmente acertada. Se ha hecho célebre, a propósito, la reflexión del inglés Winston Churchill: "La democracia es el peor sistema de gobierno diseñado por el hombre. Con excepción de todos los demás".El político británico, así, sugería que era preferible equivocarse en democracia, donde los ciudadanos eligen el rumbo del Estado y la sociedad, a que algún iluminado o dictador decida por la mayoría. De ahí que aclarara, además, que la democracia "es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás".
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