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Editorial |

La soja y los nutrientes que ya no se reponen

El precio de la soja se mantiene alto y Argentina goza de una situación inédita y favorable en el índice de términos de intercambio. Pero la contracara del fenómeno es el envilecimiento del suelo agrícola.

Abundan los ejemplos en los cuales los argentinos sacrifican el capital por beneficios de corto plazo, hasta que los déficit estructurales afloran luego sin remedio.

La práctica de dilapidar recursos se ve patente en el rubro energético, donde el autoabastecimiento alguna vez conseguido, se perdió en pocos años. La paradoja es que un país dotado extraordinariamente con petróleo y gas, hoy debe gastar divisas valiosas en comprarlos afuera.

La conducta desaprensiva hacia el futuro está operando en la economía más importante del país, la agrícola, donde el monocultivo de la soja está dejando sin nutrientes al suelo, un recurso estratégico vital para Argentina.

El tema parece preocuparle sólo a algunos expertos que ven más allá de las rutilantes cosechas de soja, gracias a las cuales el país en la última década se ha blindado de dólares, una divisa que incomprensiblemente parece escasear estos días.

La asociación civil Fertilizar, de prestigio nacional e internacional, sostiene que la reposición de nutrientes del campo argentino, desde hace tiempo, es insuficiente, lo que genera un enorme desbalance en el agro-ecosistema, tornando las producciones menos sustentables.

La conclusión a que llega Fertilizar es que el suelo sigue subsidiando la producción agrícola nacional. Eso piensa también la ingeniera agrónoma Graciela Cordone, del INTA Casilda.

Cordone realizó el cálculo de las cantidades de nutrientes extraídos con los granos que son exportados a través de los buques y los kilos de nutrientes no repuestos en nuestros suelos que silenciosamente contribuyen a sostener esta producción.

“Para compensar la cantidad de nutrientes que se extraen en un buque cargado de soja, se deberían devolver al campo unos 300 camiones cargados de fertilizantes”, explicó. Según esos cálculos, en la campaña 2010-2011, en lugar de los 300 camiones de fertilizantes, sólo fueron aportados al suelo 173 camiones.

“Si tenemos en cuenta que este déficit se acumula años tras año, podemos entender el empobrecimiento de los suelos que estamos produciendo”, señaló María Fernanda González Sanjuán, gerente ejecutivo de Fertilizar.

El presidente de esa entidad, Pablo Pussetto, señaló que “hoy el uso deficiente de fertilizantes genera un deterioro de los suelos, que se traduce en una paulatina descapitalización del dueño de la tierra y una importante pérdida de producción a nivel país”.

La soja, cuyo cultivo es el motor del sector agrícola argentino, extrae de la superficie sembrada altos índices de fósforo y azufre, a los que les siguen componentes como calcio, magnesio y otros microelementos. Los productores deben hacer uso de fertilizantes para reponer estos nutrientes.

A todo esto, no hace mucho el director del área Suelos del INTA, ingeniero Roberto Casas, explicó que la principal amenaza para el suelo es el monocultivo.

Antes la soja era un cultivo más de la rotación, y eso protegía el suelo. Gramíneas como el maíz, el trigo y el sorgo, incorporaban materia orgánica y dejaban rastrojos ricos en celulosa.

Ahora se ha impuesto el monocultivo, que equivale a soja, más soja, más soja. Todo lo cual lleva a una importante caída en el contenido de nutrientes del suelo.

El país debe ir hacia un sistema de utilización del suelo que preserve su balance de nutrientes, haciendo que la agricultura, base de su economía, sea sustentable en el tiempo.

 

 

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