La soledad, ¿pandemia espiritual del siglo XXI?
Pese al hacinamiento en las ciudades, las personas están cada vez más solas. Es una de las inquietantes hipótesis que explicarían la condición existencial del hombre de hoy.Se podría captar la soledad en diversos aspectos, de desigual procedencia y vividos en momentos históricos distintos. En todos los casos, remite a la experiencia de un hombre separado en relación con los demás.La posición en que se halla el individuo en nuestra época había sido prevista por algunos pensadores proféticos del siglo XIX. Kierkegaard, por caso, describe al individuo desamparado, abrumado por el sentimiento de soledad e insignificancia.Las guerras del siglo XX, con sus campos de exterminio, revelaron todo el potencial de violencia que albergó el mundo moderno, marcando el fin de un ciclo de optimismo incubado por la Ilustración (con su fe en la razón y la ciencia).En este clima de derrumbe moral, hubo existencialistas franceses que le dieron voz al desencanto. Jean Paul Sartre, con su estremecedora fórmula de que "el infierno son los otros", sentó la tesis de que toda experiencia de relación es intolerable. En tanto que Albert Camus dijo: "Sólo hay un problema filosófico verdaderamente importante, el suicidio".El psicoanalista Erich Fromm, al explicar la situación del hombre de la moderna sociedad industrial, llamó la atención sobre la sensación de soledad moral que lo embarga.Al liberarse de los vínculos de la sociedad tradicional, en la cual la vinculación del individuo con la colectividad era de subordinación plena, en él nació un sentimiento legítimo de libertad.Sin embargo, dice Fromm, el hombre de la sociedad urbana industrial no puede soportar la carga que le impone esa libertad. Entonces se entrega a otras sumisiones (el líder fascista o el conformismo compulsivo del mercado).Hoy vivimos en una época caracterizada por el derrumbe de los grandes relatos ideológicos, en un contexto de relativismo axiológico (nada es verdad ni nada tiene valor)."¡Sólo se ha de vivir el presente"!, declara la incrédula generación posmoderna, para la cual la historia no tiene ya sentido (certeza de la que vivió la generación precedente, que abrazó el mito de la revolución).Desde finales del siglo XX, las ciudades de todo el mundo comenzaron a llenarse de solitarios (crece el número de viviendas ocupadas por una sola persona) y el "contacto físico" se ha reducido a Internet.Algunos autores hablan de que vivimos bajo el imperio del hiperindividualismo y de la cero solidaridad. El individuo, dicen, se aísla porque tiene miedo de amar. La promesa de permanecer unidos "hasta que la muerte los separe", quedó obsoleta.Los abuelos ya no mueren en sus casas sino en geriátricos, en tanto que las relaciones laborales se volvieron más ásperas, duras, impersonales e inestables.Una joven de 24 años escribió en la web: "Hago mi cotidiano como todo el mundo, pero me siento sola muchas veces y sobre todo mantengo diálogo de horas con mis amigos por Internet o me entero de sus vidas por el Facebook. No sé que sería de mí si no tuviera un computador y la conexión con la Red. Creo que me enfermaría y moriría".El dato sociológico es que en algunos países las relaciones sociales a través de los medios electrónicos ya superan en frecuencia y número a las que se mantienen cara a cara.La pregunta es: el telecontacto, ¿es una nueva forma de recrear los vínculos humanos o es un sucedáneo espurio, algo así como infinitas relaciones ligeras, sin compromisos fuertes, que apenas disimula la soledad reinante?Están los que piensan que es una exageración decir que la pandemia de este siglo es la soledad. La relación del hombre con el otro, postulan, es indispensable y primordial, y siempre se impone a pesar de todo.El mexicano Octavio Paz dice que el hombre es el único ser que se siente solo, pero también es el único que es búsqueda de otro. "Es nostalgia y búsqueda de comunión", escribió.
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