La suba de precios y el cálculo electoral
Así como Carlos Menem ganó con el voto-cuota, el gobierno parece creer que el boom del consumo, realimentado por la inflación, le traerá dividendos electorales.El aumento persistente de los precios hace que quien tiene pesos en el bolsillo decida gastarlos sólo para no perder poder adquisitivo. Con lo cual la inflación ceba el consumo.El razonamiento del ama de casa podría ser éste: "Los precios están subiendo todos los meses; mejor voy a comprar dos camisas porque con el mismo dinero, el próximo mes no podré".Esta podría ser la lógica que aceita la maquinaria del consumo. La "inflación controlada" -si cabe decir- hace que se viva cierta euforia. Esto en un país donde sus habitantes son proclives a medir su felicidad por la cantidad de electrodomésticos que pueden adquirir.Los economistas coinciden en que la causa del actual proceso inflacionario es un crecimiento demasiado rápido de la demanda con relación a la oferta de bienes y servicios.El gobierno ha decidido estimular la demanda aumentando el gasto público y emitiendo más dinero de la cuenta. Todo indica que prefiere mantener el nivel de actividad económica, aunque los precios suban.Es una estrategia asumida por el oficialismo, como lo ha explicado uno de sus referentes, Hugo Moyano: "Prefiero este poco de inflación y no la deflación que se pagaba con puestos de trabajo"."Que haya un poco de inflación y que siga generando puestos de trabajo, aumentos salariales, consumo masivo, no es malo para un país, lo que es malo es la deflación", explicó el año pasado el mandamás de la CGT.Además, el gobierno cree que con este escenario gana las elecciones en octubre próximo. Hay dos episodios que lo alientan. En 2007, el oficialismo triunfó en las urnas con la inflación acelerándose.El año pasado, en tanto, cuando cayó derrotado en la provincia de Buenos Aires, fue el único período en el cual los precios crecieron menos que el año anterior, por culpa de la desaceleración económica.La pregunta del millón, sin embargo, es cuánta inflación está dispuesta a tolerar la sociedad con tal de crecer. (Esto más allá de la discusión de que se puede crecer sin inflación, como lo prueban otros países de la región).No está en discusión si la inflación es mala para un país, sino si con ella el gobierno puede sortear las elecciones de octubre próximo. Siguiendo la teoría de Moyano, la respuesta sería afirmativa.Pero nada es lineal. Hay quienes piensan que la inflación cruzó el límite donde todavía beneficiaba a la población. Sobre todo porque golpea el poder adquisitivo de los más pobres y de los trabajadores no registrados.Se sabe que en la puja distributiva, los trabajadores sindicalizados tienen las de ganar, toda vez que pueden preservar el poder adquisitivo.Pero este universo representa cerca del 50% del total de los ocupados: 7,5 millones de personas. Ocurre que hay otros 7,9 millones de ocupados que o tienen trabajos informales o son autónomos.Éstos están expuestos a la puja distributiva del libre mercado (no los defiende ningún Moyano), y en su mayoría consiguen incrementos menores de sus ingresos que aquellos que están protegidos por un sindicato fuerte.Los trabajadores no sindicalizados son los más pobres y quienes gastan la mayoría de sus ingresos en alimentos, los cuales aumentan más que la inflación promedio.Algunos economistas aseguran que este año se habrá acumulado un aumento de precios del 141% respecto de fines de 2006. ¿Cuántos argentinos, en cinco años, habrán logrado actualizar sus ingresos en esa proporción?
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