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"La Tabaré", una escuela a la vanguardia y digna de imitar en su desarrollo educativo

La Escuela 111 Tabaré implementó hace unos pocos años un proyecto de soberanía alimentaria, en un invernadero que se levantó en el predio del establecimiento. Los alumnos, junto a la docente reconocida recientemente con el premio Manuel Antequeda, recolectan la verdura, la limpian y la cocinan. Ahora van por los árboles frutales, y sus frutos serán el desayuno ideal.

“La Tabaré”, como se la conoce en Pueblo Belgrano, nació como una escuela rural. Está ubicada sobre calle Veronesi al norte, a 800 metros del casco urbano. Es una escuela pequeña, de 55 alumnos, pero innovadora en sus formas de aplicar la educación. En el 2016 un grupo de padres en conjunto con la cooperadora construyeron un invernadero, que con el correr de los años se sumó a la enseñanza educativa como paso obligado de los alumnos para conocer de dónde provienen los alimentos y la necesidad del cuidado del medioambiente.

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Cultivan acelga, cebolla de verdeo, remolacha, perejil, entre otras tantas verduras. Con parte de lo cosechado, los docentes y el personal de maestranza elaboran comidas que llevan a la mesa. Días atrás hicieron una sopa de verdura; mientras que este jueves se cocinaron tartas de verduras.

“La verdura la sacan los chicos con sus propias manos, son los alumnos de segundo y tercer grado, siempre acompañados y supervisados por docentes y padres que se acercan a dar una mano. Ellos y ellas limpiaron y cortaron lo recolectado y luego hicieron una tarta”.

Maia, una alumna de tercer grado, contó que junto a sus compañeritos “trabajamos la tierra hace dos años en el invernadero. Plantamos, cosechamos y preparamos la verdura para luego comerla”. Ricardo Juárez, padre de Paulina, opinó que “contar con un invernadero, trabajar la tierra es algo fantástico, una experiencia muy buena para los chicos y también para nosotros, los padres”. Agregó que “es muy positivo que los niños aprendan a producir su propio alimento no usando veneno, además de recuperar plantas nativas”. “Que aprendan a vivir bien y en armonía”, señaló el biólogo mientras realizaba el riego de la flora autóctona que se implantó en el predio.

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Mariana, madre y colaboradora, dijo que “el proyecto que se desarrolla en la escuela es muy amplio. Si hablamos de soberanía alimentaria tenemos que mencionar que las comunidades tienen derecho a elegir cómo hacer sus alimentos, y en este caso en una sana convivencia con la naturaleza y trabajando en la conservación del monte nativo”.

El “Semillero” de la nueva generación

Andrea Attonaty es la docente que fue distinguida hace pocos días con el premio Manuel Antequeda en Paraná. Es la primera vez que una maestra de Gualeguaychú es reconocida con esta distinción provincial y se debió al proyecto "Semillero", que se puso en funcionamiento en la escuela Tabaré junto a los padres del establecimiento educativo.

Esta docente de segundo y tercer grado contó que “todo ha pasado demasiado rápido y no he tomado la dimensión de lo sucedido”. El premio es un incentivo para seguir con la tarea diaria, pero lo que más se valoró con esta mención es el trabajo en conjunto que se logró entre el cuerpo docente y los padres, “que junto a sus niños tienen un rol preponderante”.

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En la Tabaré “no solamente se trabaja en la huerta, también en el aula, aplicando las matemáticas, porque los chicos tienen que saber sobre medidas, como ser la distancia entre las semillas y otros detalles que los entusiasma muchísimo”. “Los alumnos estudian un texto relacionado al zapallito, sobre cómo obtener semillas. Luego se germinan las semillas, se siembra y en poco tiempo tienen sus propias plantas de zapallo para elaborar más alimento. Se trabaja en relacionar lo que se hace en el aula con el invernadero”.

Adelantó que próximamente se inicia la siembra de papa y batata, dado que “la escuela cuenta con una superficie importante para seguir cultivando”. El proyecto contempla “sumar árboles frutales, algo que sería muy bueno para todos, especialmente para los chicos, que tendrán que plantar la especie, cuidarla y luego recoger los frutos que podrán comer en el desayuno o en la merienda”.

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“Se aprende mucho de los chicos porque muchos tienen una huerta o un invernadero”, comentó Attonaty, que también destacó el rol de los padres, de los cuales confesó que aprendió y aprende mucho, como por ejemplo “utilizar la ortiga para cuidar a los plantines de las diferentes plagas”.

Los alumnos tienen una currícula como la de cualquier otra escuela, pero se hace lugar para que todos los día no pierdan ese contacto con la naturaleza que todos deberíamos tener. Son una escuela chica, pero de gran corazón, que le ha abierto las puertas a todos en el pueblo y en Gualeguaychú. Attonatty contó uno de sus alumnos proviene de Gualeguaychú, “en donde concurría a una escuela con una población escolar importante y con muy poco terreno”. En estos siete meses de ciclo escolar, “el chico se ha integrado muy bien y su familia está contenta de que esté en contacto con la naturaleza.”

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