La timba, mucho más que un buen negocio
El crecimiento espectacular de la industria del juego en Argentina, alentada por el poder político en todas sus formas, contradice el mentado modelo de la producción y del trabajo.El informe televisivo "Argenlandia", emitido estos días por un canal capitalino, es impactante y desmoralizador a la vez. Allí uno se entera que el país está entre los cuatro lugares del mundo con mayor volumen de apuestas.El dato es que el juego mueve miles de millones de pesos. Y que la mayor parte de esa plata no queda ni en los bolsillos de los que juegan ni en las arcas del Estado.En la Capital Federal, el hipódromo de Palermo, con sus máquinas tragamonedas, recauda 1.000 millones de pesos por año. Aumentan las apuestas en la misma medida que aumentan las alternativas lúdicas.La proliferación de juegos de azar ha adquirido características explosivas. Casinos, bingos, salas de máquinas tragamonedas, apuestas varias y sorteos, constituyen un conglomerado impresionante.En esencia se está frente a un negocio fabuloso que beneficia a unos pocos. En efecto, al calor de la timba, han emergido los nuevos magnates de Argenlandia.El modelo tiene varios lados inquietantes. Uno de ellos es que es que estos negocios parecen estar hechos a medida de los amigos del poder. El informe televisivo, al respecto, hace foco en el empresario Cristóbal López.En 2001, la provincia de Santa Cruz, gobernada por Kirchner, le otorgó los primeros permisos para operar centros de juego. Dos años más tarde, la Lotería Nacional -ya bajo la presidencia de Kirchner- lo autorizó a instalar 150 máquinas tragamonedas en el Hipódromo de Palermo.Desde entonces el crecimiento empresario de Cristóbal López ha sido notable. Hoy controla 17 casinos y bingos distribuidos en Misiones, La Pampa, Mendoza, La Rioja, Tierra del Fuego, Santa Fe, Tucumán y Santa Cruz.El juego es uno de los rubros donde se haría patente el modelo de fomentar desde el poder político el desarrollo de algunos grupos económicos. Pero el "capitalismo de amigos", como se le llama al esquema, no es nuevo. Es lo más "nacional y popular" que hay entre nosotros."Es un sistema en el cual el Estado tiene una fuerte intervención a través de controles de precios y otorgamiento de subsidios. La forma más fácil que tienen los empresarios de obtener ganancias extraordinarias no es ganando mercados o reduciendo costos, sino más bien acercándose al poder político e ingresando en sectores protegidos por el Estado", opina el especialista en historia económica, Roberto Cortés Conde.Al margen de estas estrechas relaciones entre el poder político y algunos grupos de empresarios (un marco propicio para la corrupción), hay que remarcar que la excesiva oferta de juego, aquí y en el resto del mundo, trae consecuencias sociales negativas.En principio porque introduce en la sociedad la idea de que se puede ganar dinero sin trabajar (algo por cierto muy arraigado en la cultura argentina), sin otro mérito que ser jugador. Significa dejar de trabajar, de preocuparse, de tener responsabilidades.Por otra parte, ¿dónde queda el mentado modelo del "trabajo y la producción", si lo que da obscena rentabilidad es la industria del juego? ¿Acaso el modelo de empresario es Cristóbal López?Sin mencionar el hecho de que los millonarios beneficios de esta industria quedan en pocas manos, lo que colisiona con el discurso progresista de la "distribución de la riqueza".Paralelamente, el juego incrementa la ludopatía, enfermedad mental que provoca un desmedido e incontrolable afán por participar en esos entretenimientos, envenenando así a la población.
ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
ACCEDÉ A ESTE Y A TODOS LOS CONTENIDOS EXCLUSIVOSSuscribite y empezá a disfrutar de todos los beneficios
Este contenido no está abierto a comentarios

