La traición de Massa o la derecha de Macri, el dilema de la Presaidenta
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Son los mismos empresarios que hace tres años sonrieron alegres con la reelección. Los mismos que aplaudían a cada acto que los invitaban y defendían el modelo. Los mismos a quienes poco importaban otros sectores y justificaban los embates políticos, con argumentos económicos. Claro, era cuestión de intereses, qué novedad. Jorge Barroetaveña En la política como en la economía no existen las amistades, sólo los intereses guían las relaciones. La calidad institucional de la Argentina todavía requiere de muchos ajustes pero eso poco parece importar. La coyuntura es la que urge, como casi siempre, y la que va marcando los tiempos. A un año de las elecciones que definirá quién será el próximo habitante de la Casa Rosada todo es incertidumbre.El oficialismo se debate entre sus propias contradicciones. Aceptar a un candidato del que siempre renegó y tragarse el sapo o morir con las botas puestas, con un puro que no podrá asegurar la victoria aunque sí la vigencia del núcleo duro, como si fuera un centinela de la herencia.El peronismo es cruel con los que pierden. Tampoco nadie asegura que, aquel que apoltrone sus tantos en el poder, no intentará quedarse más tiempo. Scioli, Massa, Randazzo o Urribarri responden a ese perfil y habrá que verlos cómo son si llegan, aunque hay algo evidente: buscarán formar su propia estructura desde el enorme poder e influencia que da el estado. En la Argentina hoy hacer política desde el llano, sin manejar ningún aparato estatal, es prácticamente imposible. Es la propia estructura del estado la que reemplazó a los viejos partidos políticos. Desde la ruptura del bipartidismo en la Argentina y la crisis del 2001, los partidos tal como los conocimos a lo largo de la historia reciente nunca más pudieron reorganizarse. No deja de ser paradójico que el kirchnerismo haga bandera con la participación juvenil, pero no con la reformulación de los partidos tradicionales que se han convertido en una cáscara vacía que sólo se usa cerca de las elecciones. Es triste y gracioso al mismo tiempo pero ahora vuelven a escucharse definiciones tales como "siempre fui peronista" o se escucha otra vez la marcha y aparecen colgados los cuadros de Perón y Evita. Quizás sería mejor sincerarse y admitir que el peronismo ya no existe tal como Perón lo concibió, ni práctica ni ideológicamente, aunque este es un debate eterno.Los políticos argentinos parecen swingers, todos con todos. El propio kirchnerismo intenta conservar su esencia pero habrá que ver hasta dónde la necesidad se le impone. Encolumnarse detrás de alguien que no lo enamora, abrazarse a la causa e inmolarse con ella o camuflarse para esperar el próximo turno electoral. Claro, nunca será lo mismo operar desde las alturas que desde el llano. Por eso, el debate económico ya parece subsumido al político.¿Cuánto puede cambiar la situación actual dentro de un año? Suponiendo que en enero, como deslizó el jefe del Central Vanoli, haya un acuerdo con los buitres y los dólares empiecen a llover, el impacto no será inmediato. La inflación se mantendrá alta, el nivel de actividad económica resentido y un gran interrogante flotará sobre el desempleo, la variable más importante que la próxima administración debería empezar a monitorear. Si la idea es, acá no pasa nada en la economía, la actual gestión no hará mucho por cambiar el estado de cosas. Hay una impresión y es que la Presidenta siente que su deber está cumplido. Que la Argentina que dejará el año que viene a su sucesor es muy diferente a la que Néstor heredó y nadie ha hecho tanto en tan poco tiempo. Al cabo, está convencida de su propia épica. Es lógico entonces que su preocupación más importante hoy, y en los meses que vendrán, no sea económica sino política. Pilotear la transición, conservar la mayor cuota de poder posible e intentar garantizar una sucesión fiel o, cuanto menos, condicionada a su liderazgo. ¿Qué es peor para el kirchnerismo? ¿Qué gane un traidor como Massa o un opositor como Macri? No hay dudas, si les dieran a elegir, se quedan con el segundo. El ingeniero les plantea un escenario ideal, de confrontación con la derecha, donde ellos pueden recrearse desde el progresismo que abrazan. Las únicas fotos que la Presidenta regaló en todos estos meses con un dirigente opositor fue con Macri, con ningún otro. El escenario de victoria de Sergio Massa es el que más feo pinta, por la sencilla razón que no hay peor astilla que la del mismo palo. El ex intendente de Tigre juega con las mismas cartas. Para ganar no dudó en buscarlo a Cano en Tucumán o a Morales en Jujuy. Sigue llamando uno por uno a decenas de intendentes para convencerlos de dar el salto y suele exhibir una chequera abultada para la campaña, algo de lo que carecen los radicales y sólo Macri puede empardarlo.En este berenjenal UNEN trata de salvar su cabeza, que pende de un hilo y el propio Macri ya se pregunta si los necesita. Si en 6 meses pasó del 9 al 24%, ¿le suma realmente una alianza política, donde hay sectores que lo resisten y jamás lo votarían? Dando rienda suelta a las alquimias, puede que al abanico opositor le alcance para llegar a segunda vuelta, al menos a una de sus expresiones. Pero, ¿se puede gobernar la Argentina desde la soledad unipartidaria y con el peronismo en contra? Es otro de los grandes interrogantes del sistema político. Si hay vida más allá del peronismo y cuánto aire tiene. Sólo un puñado de gente tiene la respuesta.
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