La triple fuga: ¿Estado fallido?
¿Qué calificativo merece un Estado cuyos presos peligrosos se fugan livianamente de sus cárceles y al que luego le cuesta recapturarlos, mientras se habla de connivencia ente los delincuentes y los poderes estatales? La fuga de los hermanos Martín y Cristian Lanatta y Víctor Schillaci, que tuvo en vilo a la sociedad argentina durante 13 días, puso en crisis no sólo al gobierno de Mauricio Macri, sino al Estado argentino en general.El caso en cuestión llevó a la superficie la complicidad estructural entre las organizaciones vinculadas con el narcotráfico y miembros de las fuerzas de seguridad, del poder judicial y de sectores encumbrados de la política, un entramado que es de vieja data y no habla bien de la democracia argentina recuperada en 1983.No hace mucho el papa Francisco, al tanto del crecimiento del narcotráfico en el país en los últimos años, advirtió del riesgo de que Argentina se "mexicanice".¿Qué significa esa apreciación? Tiene que ver, básicamente, con la penetración del poder narco en un país con los consiguientes aumentos de violencia, corrupción a todo nivel y pérdida de control sobre algunos territorios, todos fenómenos que se han observado en México.La increíble triple fuga del penal de General Alvear y la tardanza en la captura de los presos, ¿acaso no le da verosimilitud al paralelismo esbozado por el Papa?¿Tenemos que pensar, entonces, que el Estado argentino está fuertemente infiltrado por los carteles de la droga y otras organizaciones delictivas? ¿Hay un poder criminal que ha colonizado buena parte de la estructura estatal?Los analistas políticos han elaborado el concepto de "Estado fallido" para describir la situación de aquellos países donde el Estado no cumple con sus funciones jurídica y de seguridad básicas.Aquí lo fallido describe una situación donde las instituciones estaduales han llegado a un nivel de debilitamiento tal que han perdido la capacidad de enfrentar con éxito los desafíos que plantean el crimen organizado o los poderes mafiososEl Estado históricamente nació para dar seguridad y estabilidad a los ciudadanos. Es un artificio que la colectividad se impone a sí misma para subsistir frente a las fuerzas anárquicas.Un filósofo inglés del siglo XVII, Thomas Hobbes, sentó la tesis de que la sociedad misma (y con ella el Estado como aparato represivo) nace para dar seguridad. Éste es el origen del "contrato social".¿Qué pasa si ese Estado se revela incapaz de evitar la anarquía, si en lugar de garantizar un servicio de seguridad acorde a las necesidades de sus ciudadanos, a los cuales debe dar protección, se convierte en un instrumento de las mafias?Si el Estado no puede imponer el orden y la ley (y la triple fuga revela cierta impotencia estatal) entonces confesará su fracaso y lo más probable es que la sociedad corra riesgo de disolución en medio de la violencia facciosa.Algunos analistas en seguridad sostienen que para reconstruir la autoridad estatal frente al delito el primer paso es la voluntad política de enfrentar el desafío. Hasta aquí en Argentina la clase política ha mostrado no sólo falta de interés en el tema, sino una miopía histórica para resolver los problemas acuciantes de inseguridad.Eso se expresa, por caso, en que las tradicionales instituciones de seguridad (policías), que dependen de las decisiones de la política, tienen estructuras poco adecuadas sin la ductilidad y la flexibilidad que requieren la sociedad actual y las cambiantes modalidades delictivas.
ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
ACCEDÉ A ESTE Y A TODOS LOS CONTENIDOS EXCLUSIVOSSuscribite y empezá a disfrutar de todos los beneficios
Este contenido no está abierto a comentarios


