La urgencia de pensar de nuevo
El conocimiento ha sido visto como la nota distintiva del ser humano. Aunque no siempre la representación mental se ha ajustado a las demandas de la realidad y la vida.Cada cultura ha pensado de forma diferente ya que las preguntas nunca son las mismas y se modifican con las sociedades y las épocas. Las preocupaciones centrales de los griegos del siglo V antes de Cristo, por caso, no fueron las mismas que tuvo el hombre del Renacimiento.El hecho de que cada época haya tenido una forma de ver las cosas, ayuda a no caer en la arrogancia de suponer que la mirada de una cultura es autosuficiente y la única posible.Eso no significa, por otro lado, adherir a un relativismo extremo que disuelva toda realidad fuera de nuestra mente. Como si se concluyera: como no hay más que un punto de vista particular (el de un individuo y cultura), luego no existe la verdad.Ocurre que lo real, el universo, la vida han interpelado siempre a los hombres, quienes sin embargo, en tanto seres históricos, insertos en una cultura particular, han debido dar una respuesta fatalmente parcial.Como lo ha reconocido el científico y premio Nobel belga Ilya Prigogine, al señalar "la realidad es demasiado rica y sus contornos son demasiados complejos para que una sola lámpara los pueda iluminar por completo".Cada individuo o cultura es un órgano de percepción distinto de todos los demás. Pero esa mirada no agota todo la riqueza cognoscitiva de la realidad, que nunca se deja descifrar totalmente.Ahora bien, el mundo ha cambiado, el contexto internacional es totalmente otro, los desafíos de la sociedad contemporánea son inéditos, nuevas y extrañas realidades nos salen al paso.La pregunta es: ¿ha alumbrado un nuevo pensamiento para dar cuenta de lo nuevo? ¿o el presente es visto con categorías del pasado, que remiten a otros contextos históricos o son tributarios de la observancia de ideologías pasadas de moda?El escritor francés Marcel Prust (1871-1922) sostuvo que "el acto real de descubrimiento no consiste en encontrar nuevas tierras sino en ver con nuevos ojos". La afirmación es una invitación a ejercitar nuestra mente para que sea capaz de ver lo que antes no vio, de percibir lo que hasta ahora estaba oculto.Eso quiere decir que podemos tener la realidad delante de nuestras narices, pero no estar viéndola realmente, acaso porque hay prejuicios que nos atenazan, sesgando nuestra visión con creencias falsas, o porque sencillamente no tenemos el coraje de abrazar la realidad tal cual es.Cuando un científico descubre un esquema nuevo e importante, no está inventando la realidad. No le debemos a Sigmund Freud, por ejemplo, la existencia del inconsciente o del instinto sexual.Pero la psicología tenía estas dos cosas relegadas en sus planteos hasta la llegada del psicoanálisis. Es decir, la novedad aquí es que Freud se atrevió a ver donde otros no miraban, sacó a la superficie lo que estaba oculto, cambiando así la imagen que tenemos del hombre.¿Nuestra educación ayuda a pensar? Michel de Montaigne ya en el siglo XVI se quejaba de un sistema que creaba individuos con la "cabeza repleta", donde los datos se apilaban sin sentido, en vez de sujetos con la "cabeza bien puesta", dotada de un principio de selección y de organización.En tanto, el politólogo Giovanni Sartori se viene lamentando del declive "cognitivo" de las democracias contemporáneas. La ignorancia del ciudadano medio se profundiza con el tiempo, advierte.Todo lo cual sugiere una crisis del conocimiento, aunque también es una invitación a pensar de nuevo.
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