La vida color de rosa o color negra
Parece no haber término medio en algunas ofertas literarias o propuestas terapéuticas: oscilan entre una visión almibarada u otra demasiado avinagrada de la vida.Por un lado se cae en el prejuicio de que todos son buenos sentimientos, donde la virtud siempre es recompensada, y donde se sugiere que de lo que se trata es de tener "buena onda".En el otro extremo, en una visión igualmente unilateral y prefabricada, se sostiene lo contrario: que todo es horrendo y desolador, al punto que se insinúa que es un error haber nacido.En la literatura llamada de "autoayuda", donde se proponen técnicas para elevar la autoestima, encontrar la clave del éxito y obtener la fórmula para resolver los problemas, predomina el pensamiento positivo.Este último fue inventado a principios del siglo XX por el francés Emil Coué y consistía en repetirse de la mañana a la noche, para recobrar la salud o la felicidad: 'todo va bien, todo va muy bien, todo va cada vez mejor'.Coué era un farmacéutico que descubrió el poder de la autosugestión. Eso ocurrió al ejercer su profesión durante la Primera Guerra Mundial, frente a la falta de medicamentos.Pero recetaba igual diciendo: "Verá cómo este remedio lo hará sentir mejor". Sugestionaba así a sus pacientes, quienes por el efecto placebo se recuperaban, como si hubieran sido medicados en realidad.Frente a un dolor físico, les sugería además repetir insistentemente: "Está pasando, ahora va pasar", y así se mejoraban, incluso se curaban. "No soy un sanador, sólo enseño a la gente a curarse sola; las curaciones milagrosas que me atribuyen son obra de los enfermos", decía el boticario francés.Así nació el método Coué, técnica de curación por medio del pensamiento positivo, que enseña a adiestrar el subconsciente, repitiéndose 20 veces al día una frase mágica."Todos los días, desde todo punto de vista, voy mejor y mejor", eso hay que decir como un mantra o el recitado de un rosario. La promesa es que si hacemos esto, entonces todo nos va a ir bien.El pensamiento positivo, en su afán de pintar las cosas de manera edulcorada y amable, cree poder eliminar las contradicciones reales de la vida mediante un truco de imaginación (autosugestión).En el otro extremo, florece a la par un tenebroso pesimismo. Esto se ve en libros donde se cuentan miserables experiencias, la historia de seres desesperados, hastiados de todo y de sí mismos.Aquí la autosugestión funciona al revés del método de Coué: la idea que se trasmite es que todo va mal, todo va muy mal, todo va de mal en peor. ¡Y esto como si la vida no tuviera ya suficientes contrariedades y abatimientos!A fuerza de ennegrecer el cuadro de la existencia, se termina denigrando la vida misma, una actitud que puede ser contagiosa, ya que puede desmoralizar a mucha gente.Cierta delectación por pintar el lado sombrío del destino -que es una de las vetas incluso de la narrativa del cine- podría generar una atmósfera negativa en jóvenes, que suelen ser receptivos a estas ofertas.Frente a este tipo de visiones unilaterales, frente a los que caen en un optimismo ingenuo o un pesimismo artificialmente crudo, quizá haya que recordar que la vida es una mezcla de proporciones variables de bien y mal.Sería una ofensa a la realidad, en este sentido, mirarla puramente rosa o puramente negra, reducirla en definitiva a un aspecto, lo que significa mentirse sobre ella, y por esta vía engañarse a uno mismo.
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