La vida después de los 65 es otra oportunidad
El tránsito hacia la edad avanzada estuvo asociado en otra época a la fragilidad y la dependencia. Pero los "adultos mayores" se alejan cada vez más de este estereotipo.En muchos casos, este tránsito se experimenta con renovada vitalidad y como una etapa que ofrece nuevas posibilidades, a juzgar por el protagonismo que hoy exhiben estas personas.En Argentina hay cuatro millones de adultos mayores, y las estadísticas indican que la mayoría de ellos están implicados socialmente y llevan una vida productiva.Sólo el 2,5% de esta población es incapaz de realizar sus actividades cotidianas de forma independiente, según se desprende de una publicación de la Dirección Nacional de Políticas para Adultos Mayores.Otros estudios ratifican el hecho. Por ejemplo el realizado por el Área de Desarrollo Social del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec), en asociación con la Fundación Navarro Viola."En la Argentina más del 90% de los adultos mayores se maneja en forma autoválida, sólo el 5% tiene internación domiciliaria y el 2% restante está en una institución", refiere el informe publicado por el diario La Nación.El dato contrasta a primera vista con el estereotipo extendido según el cual el paso de los años trae aparejado enfermedades, inactividad y pérdida de energía.Para Fernanda Potenza, una de las autores de estudios del Cippec, "se necesita cuestionar, tomando como base las estadísticas, la idea socialmente arraigadas respecto de que la mayoría de los adultos mayores son dependientes y que, dentro de ese grupo, la mayor parte se encuentran institucionalizados".El protagonismo social del sector se ve en el hecho de que mientras muchos de los adultos mayores siguen implicados en el mercado laboral, otros muchos optan por el voluntariado social o por la capacitación como formas de mantenerse ocupados y de establecer una rutina diaria.Ahora bien, levantarse todos los días para desarrollar una actividad laboral no sólo es una forma de mantenerse activo, sino que también es una necesidad. Y esto ante los vergonzosos haberes jubilatorios, que están por debajo de lo que se necesita para cubrir los gastos.En Argentina, de hecho, muchos hijos son el sostén económico de sus padres, a pesar de que éstos últimos aportaron toda su vida para recibir una jubilación digna.La cuestión económica se convierte entonces en una razón nada desdeñable para que los adultos mayores sigan implicados en el mercado de trabajo, a pesar del paso de los años.Por otro lado, muchos de ellos siguen siendo jefes de hogar. La última Encuesta Anual de Hogares de la Ciudad de Buenos Aires, confirmó que el porcentaje de mayores de 60 años que son jefes de hogar es de 36,8%; bastante superior al 29% de 2001.El hecho de que tantos adultos mayores pueden seguir trabajando y continuar interactuando con la sociedad supone, según los especialistas, un cambio de paradigma.El adulto mayor ya no es más un objeto pasivo asociado a enfermedad, sino un sujeto activo, que pueden decidir sobre sus actividades diarias.Carme Triadó, de 68 años, coordinadora del grupo de investigación de gerontología de la Universidad de Barcelona, asegura que ser mayor es visto como algo negativo. Se lo asocia a Alzheimer, dependencia, soledad."Es cierto que hay dependientes, pero a menudo se olvida que en Occidente un 60% de las personas mayores de 65 años se encuentran bien. Muchas de ellas se implican socialmente y son productivas", refirió.
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