La vida que pasa
Por Gustavo Carbone
El camino que se inicia cuando es de interés general, tiene que ser continuado con esfuerzo y generosidad también, por quienes releven y actualicen esa marcha.
Está muy clara hoy la existencia de problemas que afectan a todos los ciudadanos de este país. Y ellos estamos demandando de nuestros dirigentes y funcionarios, contracción a sus obligaciones y concentración en sus ideas, estrategias y planes para enfrentar o mejor dicho prever, anticiparse, a la aparición de las dificultades, y encararlas con buenos resultados.
Pero desgraciadamente ésto que debiera ser norma general, sólo se efectiviza a través de algunas excepciones. Sí, la verdad que son bien pocos los políticos, funcionarios y legisladores que se muestran preocupados por un futuro con anticipación.
Centran sus intentos de desembarcar en el futuro inmediato (internas y elecciones generales) dónde habrá de dirimirse la puja. Por cierto que allí comienzan los discursos o el palabrerío que exponen la imprevisión, la falta de estudios serios sobre los problemas ciudadanos, y todo se reduce a una pobre pelea de campaña inundada de frases insultantes, ofensas personales con las que se pretende descalificar a quién está enfrente.
Es lo que en estos días vemos en franco incremento. Ya estamos en al campeonato de “quién pega más fuerte”. Para estos venideros tres meses hay que prepararse para la impudicia con la que mucho políticos de todos los partidos, pese a los problemas enormes de los ciudadanos, tratan de desviarnos de los problemas que nos agobian. A nosotros “ciudadanos de a pié”.
Pero no tanto para ellos, que tienen el montaje de estructuras dedicadas todo el tiempo a imponer sus estrategias militantes, sin sustento sobre verdaderos proyectos que puedan ser conocidos y discutidos con tiempo por la sociedad.
Ya casi no se sabe quién es quién en la política vernácula. Los movimientos de rotación y ubicuidad coyuntural, están a la orden del día, entre otoros males mayores incluso.
LA REALIDAD
Por cierto que en esos momentos surge algún funcionario con suficiente espacio de poder, que felizmente logra impulsar algunas cuestiones concretas.
Hace valer ese espacio de poder para mover la intrincada y mañosa burocracia, también manejada desde sectores de intereses muy fuertes.
En cierto aspecto es loable que se muevan sin pereza. Es positivo, que se hagan mover los resortes necesarios que permitan hechos concretos.
Ello es capacidad de gestión, valiéndose de la oportunidad, de las circunstancias de moverse entre relaciones que respaldan, desde otro lugar de mayor poder aún.
Aunque la realidad que significa el logro (parece que ahora sí) de la construcción del futuro Hospital Bicentenario, es un hecho que con justificada satisfacción se encargaron de comunicar Guastavino y Bahillo, termina en alegría y satisfacción para todos en esta región, y particularmente para Gualeguaychú.
Es una cuestión ponderable. Es bien compartida por toda persona de sanas intenciones, este logro.
Pero también se requiere desde la sociedad, un compromiso grande también, extensible a toda la dimensión de problemas que la rodean.
Eso se puede lograr en una pelea que encuentre esa misma garra de gestión, y de alzar la voz ante el poder central, provincial y nacional, en la causa medioambiental y del sector rural por ejemplo, que demandan de nuestros representantes una inclaudicable y si es posible, más estentórea adhesión de la que a decir verdad ya se han tenido algunas manifestaciones.
Es cierto que estamos en un escenario en el que prevalece el ejercicio de una política desagradable y difícil de enfrentar, que proviene de los más altos niveles. Pero hay que hacerlo.
Ese ejercicio de confrontación caprichosa y permanente, que hace oídos sordos a toda demanda de diálogos, hace difícil y casi imposible la búsqueda y encuentro de verdaderos acuerdos.
Para transitar y poder salir de la crisis reconocida, para no dejar que pueda llevar hacia una situación declinante o terminal.
Esta responsabilidad le cabe a los hombres de gobierno. También por supuesto a los de la oposición.
LO QUE DEBIERA SER
No podemos dejar de clamar para que se escuche, el “clamor” de la gente a sus dirigentes.
Estamos hartos de los enfrentamientos huecos de contenido. De la falta de respeto a una elemental escala de valores. La del respeto, la seriedad, la honestidad intelectual, el acuerdo, la suma de esfuerzos.
Qué tiempo éste para recalcar este clamor, dirán muchos. Tiempo en el que se malversan a diario reglas y las normas esenciales que aseguren credibilidad y certeza.
Pero es que precisamente por esto, porque estamos en con la puerta ya abierta a duros y difíciles momentos sociales, económicos, es que la Política requiere de pilotos de tormenta avezados, tranquilos, equilibrados, que puedan timonear con éxito el trámite turbulento, tenga la intensidad que definitivamente tenga.
Y en momentos también de los que aquí los argentinos tomamos como “pelea electoral”, con más razón todos debemos desde cada uno de nuestros lugares, ser impecablemente responsables y prudentes. No llegan tiempos de fiesta y celebración.
Tenemos que prepararnos para afrontar y enfrentar, “la vida que pasa”. La vida que “nos” pasa. Un presente muy pero muy difícil. Un futuro que debe estar dotado de fuerte esperanza, pero que no se consigue gratuitamente.
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