La vigencia del nepotismo criollo
El dato es que en lugar de las internas partidarias, del ejercicio efectivo de la democracia para elegir a los candidatos de las distintas fuerzas políticas, ha predominado la llamada “dedocracia”, la voluntad arbitraria de los grandes electores.
Es por aquí por donde se han colado los familiares y amigos en las listas, en un contexto donde el gobierno de turno, despreciando elementales reglas institucionales, promovió propuestas virtuales bajo la forma de candidatos testimoniales.
Ya se sabe: en la Argentina reina el vale todo, y así nos va. Lo dramático es que ya nada nos sorprende. No nos causa indignación que la clase política recurra a la “portación de apellido” para promover esposa/s, hermanos/as y demás lazos.
Así, amigos y familiares caracterizan las listas presentadas por las principales fuerzas, en la disputa por las elecciones de junio. La ciencia política ha calificado esta práctica antiquísima como “nepotismo”.
El término remite al vocablo “nepote”, con el cual se designaba, en el Renacimiento, a los parientes y allegados del Papa, quienes eran introducidos en su círculo íntimo y gozaban de sus favores.
De esa costumbre de los papas renacentistas surge el concepto nepotismo. Es decir, estamos en presencia de una práctica corrupta propia de regímenes feudales o dictatoriales, en donde no existe ninguna forma de control característico de las democracias republicanas.
Sin embargo, algunos cientistas prefieren hacer algunas distinciones al respecto. Para configurar el nepotismo, aseguran, es necesario que concurran otros factores además de la proximidad o parentesco con el político que los designó para un cargo.
La calidad de designable, es decir, el mérito o la capacidad de quienes son nombrados, constituyen un elemento fundamental para desvalorizar la acusación de nepotismo.
Al respecto, se piensa que no sería lógico concebir que un gobernante se inhiba de designar a un pariente o allegado para un cargo determinado por temor de ser acusado de nepotismo
Y esto si se tiene suficientemente probado que la honestidad e idoneidad de la persona en cuestión, puede enaltecer la función que ejercerá y prestar un servicio muy satisfactorio a la comunidad.
Por tanto, sólo habría nepotismo cuando quien detenta el poder político se sirve de él para designar en una función pública o privada a un pariente o amigo sin tener en cuenta sus capacidades y cualidades. Y con el solo objetivo de colocarlo en una posición privilegiada.
Dicho esto, cabe preguntarse: ¿los parientes y amigos de la clase política que llenan las listas de candidatos a legisladores, para la próxima elección de junio, están allí por merecimientos personales? ¿Fueron promovidos por idoneidad?
A decir verdad, estos nombramientos parecen estar más bien asociados a la rosca y a la disputa comiteril, o a razones de estricta conveniencia personal. En un contexto en el cual la dirigencia busca su supervivencia.
¿Cómo es que se llegó a este festival “dedocrático”? ¿Dónde quedaron los proyectos de reforma del sistema político tras el hundimiento del 2002? ¿Cuál fue el avance institucional que experimentó el país en este campo desde entonces?
Pensándolo bien, todos estos experimentos políticos revelan una vez más la democracia de baja intensidad que tenemos, la cultura pre-republicana en la que nos movemos, y nuestro desprecio consuetudinario por la ley.
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