La vigencia de las creencias populares
Pese al avance de la globalización mediática, que modifica el sistema de representación del mundo, en muchas poblaciones se mantiene viva la fama milagrera de algunos personajes gauchescos.La ciudad de Mercedes, en Corrientes, se vio colmada el pasado 8 de enero por más de 200 mil personas que, desde distintos rincones del país, fueron a rezar frente a la imagen del legendario Gauchito Gil.Antonio Mamerto Gil Núñez habría nacido en 1840 y muerto en 1878. Fue un gaucho perseguido por la justicia que, al finalizar la guerra de la Triple Alianza, obró un "milagro" que benefició al militar que lo ejecutó, según creen en Corrientes.El "Gauchito" reproduce en el imaginario popular la figura atractiva de quien se alza contra la iniquidad social, según el prototipo anglosajón del Robin Hood, quien robó a los ricos para darles a los pobres.Cuenta la historia que tras regresar de la guerra el personaje comenzó a robar a los estancieros más acaudalados, primero como método de subsistencia y luego para repartir su botín entre la paisanada de la zona.Por estas actividades de matrero el "Gauchito" fue detenido por un coronel de apellido Velázquez, quien lo asesinó de manera atroz: lo ató con la cabeza hacia abajo para evitar los poderes hipnóticos que se le atribuían y lo degolló.Fue allí, dicen, que nació su mito sanador. Antes que el cuchillo de Velásquez cegara su vida, el "Gauchito" le dijo a su verdugo: "Cuando vayas a tu casa encontrarás a tu hijo enfermo. Estará moribundo, pero invocá mi nombre y se salvará".Según el mito ese milagro ocurrió. Y entonces Velásquez, llorando arrepentido, volvió desesperado al lugar donde había matado a Gil, allí lo enterró y erigió una cruz de espinillo como homenaje.Con el tiempo, nuevos milagros fueron agigantando el mito sanador del "Gauchito", y la tumba se convirtió en un santuario al que llegan todos los años miles de fieles.En Entre Ríos, entre las muchas devociones populares, sobresale la figura de Lázaro Blanco, un chasque que fue muerto por un rayo el 7 de septiembre 1886, y a cuya tumba, en los montes de San José de Feliciano, llegan miles de peregrinos.Según la historia, ese día el jefe de Policía de Feliciano, de apellido Hereñú, necesitó de enviar un mensaje urgente a su par de La Paz y consideró que Lázaro, y criollo joven y animoso, padre de cuatro hijos, sería el jinete indicado por su habilidad."Dadas las condiciones climáticas, Lázaro montó un caballo gateado en lugar de un tordillo, pues éste atrae los rayos según la creencia popular y partió. De nada valió el cambio. La tormenta hizo lo suyo horas más tardes", cuenta Mario Alarcón Muñiz, en "Entrerrianías".Después de esta trágica muerte, el agricultor Ciriaco Benítez, que estaba angustiado por una prolongada sequía, contó que se apareció en sueños un desconocido paisano joven que le tomó la mano y le dijo: "Si tienes fe, lloverá y nada perderás".Cuando se despidió le indicó un lugar adonde debía ir para saber quién lo había visitado. Ciriaco no perdió tiempo, al tiempo que una copiosa lluvia se descolgó en la zona. En su búsqueda, se topó con un algarrobo, en pleno monte entrerriano, bajo el cual había una modesta plaqueta que decía: "Lázaro Blanco. Muerto por un rayo el 7 de septiembre".El episodio cundió por el pueblo. Tiempo después alguien levantó allí un pequeño altar, dando comienzo a la creencia del poder milagroso de Lázaro.Tanto en Feliciano, Entre Ríos, como en Mercedes, Corriente, perduran focos de veneraciones populares.
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