La visión crítica de la disidencia china
La crítica del líder disidente chino Liu Xiaobo, hoy preso político, recuerda el desdén con que Alexander Solzhenitsyn miró las reformas capitalistas lideradas en Rusia por la oligarquía surgida del viejo sistema soviético.Célebre por haber destapado al mundo las atrocidades de los campos de concentración de la era estalinista, el escritor ruso fue impiadoso con el proceso a través del cual la elite comunista de Rusia, perestroika mediante, se reconvirtió al capitalismo salvaje a fines de los '80.Censuró que los miembros del Partido Comunista, la nomenclatura que dirigía el colosal aparato del Estado soviético, se beneficiara obscenamente con su desguace. Los burócratas y sus amigos devinieron en los nuevos magnates que adquirieron industrias y recursos rusos a precios de ganga.Al describir en 1998 la situación de su país, que transitaba la etapa pos-comunista, Solzhenitsyn escribió: "El destino del país lo decide una oligarquía de 150-200 individuos, que incluye los más avispados miembros de primera y segunda fila del antiguo sistema comunista más algunos nuevos ricos".En el libro "No tengo enemigos, no conozco el odio", el líder disidente chino Liu Wiaobo dice algo muy parecido a lo de Solzhenitsyn, aunque aplicado a China. Sostiene allí que la reforma capitalista lanzada por Den Wiaoping fue una salida desesperada del régimen instaurado por el Partido Comunista (PC), con el fin de perpetuar su poder oligárquico en la sociedad china.Todo comenzó con la masacre en la plaza de Tiananmen el 4 de junio de 1989, cuando estudiantes, apoyados por intelectuales disidentes, pidieron explícitamente libertad de pensamiento y de prensa, y atacaron el PC chino, acusándolo de corrupción.La revuelta se reprimió con sangre, pero fue entonces que Deng Xiapoíng -el mandamás del régimen- "comprendió que debía recuperar la legitimación del gobierno y recomponer su golpeada reputación", cuenta Liu Wiaobo."Con la compensación económica esperaba mantener su poder político" y entonces lanzó las reformas procapitalistas que condujeron estos años al llamado "milagro chino", gracias al aporte del capital trasnacional.Pero detrás de las altas tasas de crecimiento de estos años se oculta una historia de rapiña. "El capital privado no se consigue en China sobre la base del derecho y la moral. Lo que reina aquí es el bandolerismo", afirma el líder disidente preso.Y agrega: "El mercado inmobiliario se lo reparte entre sí la mafia de los más influyentes, y el mercado financiero controlado por el Estado se ha vuelto un paraíso para los mongoles del capital que de la noche a la mañana acumulan sumas extraordinarias"Además, "la dinámica de la economía de mercado les ha abierto a los gobernantes de China nuevos caminos para enriquecerse rápidamente y ha producido una nueva clase de jóvenes nuevos ricos obsecuentes con los gobernantes".Al mismo tiempo, "el aseguramiento mutuo de prebendas en el proceso de reformas de las empresas del Estado llevó a que una gran parte del capital público se haya trasladado a los bolsillos de muy pocas personas influyentes. Y todas las empresas monopólicas con altas rentabilidades se encuentran en manos de unas pocas familias poderosas".Y remata Liu Wiaobo: "China está sumiéndose en la peor forma de nepotismo capitalista. Los miembros de la clase dominante se reparten entre sí inescrupulosamente la fortuna del Partido proveniente del llamado capital del Estado".
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